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sábado, 21 de enero de 2017

423 ANTROPOLOGIA DE LA EDAD MODERNA



4.2.3. Describe las respuestas de la Filosofía Humanista sobre la naturaleza humana y el monismo panteísta de Spinoza, identificando los problemas de la Filosofía Moderna y relacionándolas con las soluciones aportadas por Descartes.





En la edad media el ser humano era considerado fundamentalmente desde una perspectiva teológica, los humanistas valorarán el hombre desde una perspectiva mundana, será visto como un ser natural.

Descartes adapta la idea tradicional de alma a los nuevos tiempos. Identifica al yo con la actividad racional. Mantiene el dualismo, pero descartando la metafísica antigua. Somos dos sustancias, una pensante y otra extensa. Esto permite el estudio cuantitativo y materialista del cuerpo humano y de los animales, no es necesario recurrir al alma.

Platón había atribuido al alma las funciones vitales y cognoscitivas, mientras que la interpretación hilemórfica de santo Tomás le llevará a atribuir esas funciones al ser humano, que es una unidad, compuesta de materia y forma. Para explicar la inmortalidad del alma, santo Tomás afirmará que en ella existe ciertas facultades que no dependen  del cuerpo.



Spinoza defendió la capacidad de la razón tanto para comprender la totalidad de lo real, como para alcanzar la felicidad. Sólo puede haber una sustancia, Dios no es causa de la Naturaleza, sino que Dios y la Naturaleza son la misma cosa, y abarcan la totalidad de lo real, (tanto como causa, o conjunto de leyes generales, que como efecto, o conjunto de realidades particulares).

De esa manera, todo ser, al estar en Dios, estaría constituido por modos de todos los atributos que constituyen a Dios, y en particular por extensión y pensamiento. Un ser humano consta de un modo del atributo de la extensión, que sería su cuerpo, y de un modo del atributo del pensamiento, que sería su mente.

También es determinista, lo que supone que no cree en el libre albedrío y asegura que el hombre está determinado por leyes universales que le condicionan.

Nos concebimos como seres libres en cuanto dotados de libre albedrío, es decir, de voluntad separada del entendimiento, pero ello sucede porque no somos conscientes de las causas que nos impulsan a obrar. Nuestro libre albedrío, no es más que una apariencia que es causada por la finitud de nuestro entendimiento. La verdadera libertad es la plena conciencia de las causas que nos determinan. El conocimiento racional nos puede liberar de las pasiones y llevarnos a la felicidad.








domingo, 15 de enero de 2017

424 DESCARTES Y LA EDAD MODERNA



4.2.4. Estima el esfuerzo de la filosofía de Descartes por contribuir al desarrollo de las ideas y a los cambios socioculturales de la Edad Moderna, valorando positivamente la universalidad de la razón cartesiana.

La filosofía de Descartes rompe con el pensamiento antiguo y medieval. y sienta las bases teóricas de la Modernidad.

La metafísica de la subjetividad, impulsará la autonomía del individuo que se convertirá en individualismo que favorecerá el capitalismo y a la sociedad burguesa.

Por otro lado la ciencia mecanicista favorece el desarrollo técnico y el dominio de la naturaleza. La revolución científica creará las condiciones para la revolución industrial y la conquista del poder por la burguesía.

El problema del conocimiento es central en la filosofía moderna. Descartes comienza buscando un nuevo método, una nueva manera de filosofar: desde el yo que piensa. Esto caracteriza a la modernidad: el papel y la importancia del sujeto, de la subjetividad, del individuo, en el que crece cada vez más la conciencia de su autonomía y libertad.

La filosofía cartesiana se fundamente en el yo, en la conciencia. La filosofía anterior (antigua y medieval) había sido básicamente realista: afirma el ser, la realidad de las cosas, fuera de nosotros e independientemente de nuestro conocimiento. El conocimiento sería un mero reflejo de la realidad, conocemos las cosas tal y como son.

En Descartes, aparece un germen de idealismo: sólo conocemos lo real, por medio de nuestras ideas. No conocemos directamente las cosas, sino nuestras ideas de las cosas. El criterio de verdad radica en el sujeto que conoce, no en el objeto conocido, las ideas claras y distintas son evidentes y verdaderas.

La filosofía moderna se fundamenta la Razón abstracta. Esto permite proclamar la dignidad del ser humano como ser racional, de la que se derivan los Derechos Humanos. Pero produce la creencia en la idea de progreso que es un mito que se justifica a si mismo y la creencia en la superioridad de la cultura occidental, que justifica la expansión colonial por todo el globo. Como el «Yo» se ha puesto en el centro, tiende a acapararlo  todo. Esta expansión apoya el capitalismo voraz basado en el intercambio comercial.

Descartes concibe la filosofía (entendiendo por tal el conjunto del saber) como un árbol, cuyas raíces son la metafísica, cuyo tronco es la física y las ramas las demás ciencias. Su ideal no es el de la ciencia especializada y profesionalizada, sino la del hombre que busca la sabiduría.

Sin embargo el posterior desarrollo de la ciencia moderna, de la que él mismo ha creado los fundamentos, destruirá este ideal. La desvalorización de la naturaleza, reducida a simples mecanismos, la convierte en un campo para la expansión tecnológica. 




http://www.nodulo.org/ec/2016/n168p09.htm












jueves, 12 de enero de 2017

422 DESCARTES


4.2.2. Comprende y explica con claridad, tanto en el lenguaje oral como en el escrito, las teorías fundamentales de la filosofía de Descartes, analizando el método y la relación entre conocimiento y realidad a partir del cogito y el dualismo en el ser humano, comparándolas con las teorías de la Filosofía Antigua y Medieval


René Descartes es considerado el padre de la filosofía moderna y uno de los principales filósofos racionalistas. El racionalismo y el Empirismo son las dos grandes corrientes de pensamiento que se desarrollan en la Edad Moderna.

El Racionalismo considera que la razón es la principal fuente de conocimiento.
Poseemos ideas innatas que están potencialmente en nosotros desde que nacemos. La matemática es considerada modelo de la ciencia y del conocimiento.

Descartes intentará construir una filosofía que a su vez sea fundamento de toda verdad y toda ciencia. La razón es una y común a todos los seres humanos: éstos podrán utilizarla mejor o peor. Descartes propone un método nuevo, que es lo que le ha faltado en su opinión a la filosofía anterior.

      “Toda la filosofía es como un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas que salen de este tronco son todas las demás ciencias, las cuales se pueden reducir a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral. Quiero decir la más elevada y perfecta moral que, al presuponer un completo conocimiento de las otras ciencias, es el ultimo grado de la sabiduría”

El método cartesiano tiene cuatro reglas básicas:

1ª EVIDENCIA No admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era.

2ª ANÁLISIS Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible y como requiriese para resolverlas mejor.

3ª SÍNTESIS Comenzar por los objetos más simples y más fáciles de conocer para ascender poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos.

4ª COMPROBACIÓN Realizar en todo unos recuentos tan completos y unas revisiones tan generales que pudiese estar seguro de no omitir nada


La filosofía de Descartes comienza con la duda. Duda de todo aquello que ofrezca el más mínimo resquicio de duda. Se trata de una duda metódica. La primera regla es dudar de todo aquello que no sea del todo evidente.
No es una duda escéptica, no niega la posibilidad de conocer.

Comenzamos dudando de nuestros sentidos. Si los sentidos a veces nos engañan, entonces tenemos motivo para dudar de ellos. Es posible que las cosas no sean tal como nosotros las percibimos. También podemos dudar de la existencia de las cosas mismas, podríamos estar soñando. También podemos dudar de nuestra razón, a veces nos equivocamos al razonar.

Así llegamos a la primera certeza, pues para ser engañados tenemos que existir. Pienso luego existo. Cogito ergo sum. Duda y certeza son términos opuestos. Pero curiosamente, alcanzamos la certeza al final de un proceso de duda radical,

El cogito no es propiamente un razonamiento sino una intuición, esto es, la captación intelectual directa de una idea o concepto claro y distinto. Es una verdad absolutamente indudable. A partir de aquí debe levantarse todo el
edificio de la filosofía; de esta verdad debemos deducir, con evidencia, todas las demás verdades.

Mas Descartes no se detiene aquí. Olvidando por un momento que está
sometiendo todo a duda y que no puede todavía confiar en su propia razón, deduce partiendo del cogito, dos nuevas “verdades”. 

Pienso y soy. ¿Pero qué soy? Como Descartes duda de su propio cuerpo, entonces tiene que afirmar “yo no soy más que una cosa que piensa”. 

¿Cuál es la regla según la cual podemos afirmar que algo es verdadero y distinguirlo de lo falso o dudoso? El cogito es verdadero porque lo conozco de manera clara y distinta. Este es el criterio de verdad, es verdad lo que captamos de manera clara y distinta.

El error se da cuando juzgamos precipitadamente. Por eso es importante seguir las reglas del método.

Con el cogito sólo tenemos un yo que piensa. Piensa pensamientos. Tendrá que basarse en alguno de ellos para poder conocer nuevas verdades. Analizando los tipos de ideas, Descartes establece la distinción entre ideas FACTICIAS , inventadas o imaginadas. Ejemplo: “unicornio”, “sirena”), ADVENTICIAS que parecen provenir de los objetos exteriores a nosotros . Ejemplo: “cera”, “lirio” e INNATAS que están siempre potencialmente en nosotros, como implantadas en nuestra mente por la naturaleza o, más propiamente, por Dios. Ejemplo: “extensión”, “alma”, “Dios”).

Para seguir avanzando en su filosofía, para descubrir nuevas verdades, Descartes no encuentra otro camino que Dios.

Descartes demuestra la existencia de Dios diciendo que somos seres imperfectos y limitados (que dudamos, por ejemplo y ello es señal de imperfección, pues es más perfecto conocer que dudar). Ahora bien, en nosotros, en nuestra mente, encontramos la idea de Dios, la idea de un ser perfecto e infinito. Tal idea no la hemos podido producir nosotros, luego la idea de Dios ha sido puesta en nosotros por Dios, como la “firma” que pone el artista en la obra que realiza. Luego Dios existe.

Además, yo no me he causado a mí mismo, pues de lo contrario me hubiera dado
todas las perfecciones que soy capaz de concebir, sino que he sido causado por alguien superior a mí y capaz de hacer o crear todas las cosas. Éste es el segundo argumento,

Por último propone el “argumento ontológico”: En la idea de Dios (del ser perfecto) está comprendida la necesidad de su propia existencia, ya que la existencia es la primera de las perfecciones.

Para Descartes Dios, además de creador, es la verdad absoluta, el fundamento del conocimiento y garantía de toda verdad. El criterio de verdad está garantizado por la absoluta veracidad divina: podemos confiar en nuestra razón.

Además, en última instancia, Dios, que nos ha hecho, será la garantía de que nuestros sentidos tampoco nos confunden normalmente. Podemos aceptar que hay mundo y cosas materiales.


Dios es la sustancia infinita, que se caracteriza por la perfección. Existen para Descartes dos tipos de sustancias finitas. La sustancia extensa y la sustancia pensante. Toda la antropología cartesiana descansa sobre la distinción del cuerpo y del alma; el cuerpo es una sustancia cuya esencia es la extensión y el alma una sustancia cuya esencia es el pensamiento.

Para Aristóteles y santo Tomás, el alma es el principio de vida del cuerpo. Para Descartes el alma es enteramente distinta del cuerpo. El yo cartesiano es espíritu puro, más fácil de conocer que el cuerpo e independiente de éste, puede existir sin el cuerpo, es inmortal y libre.

El cuerpo, en cambio, depende de las leyes de la naturaleza. Es una especie de máquina compleja. Los animales son máquinas sin alma, pues no piensan: ni hablan ni obran con conocimiento. El cuerpo, igual que las cosas materiales, es llamado por Descartes res extensa. Se caracterizan por ocupar un lugar en el espacio. La magnitud, la figura, la situación, el movimiento o la duración, son modos, como los llama Descartes, o accidentes de la sustancia corpórea. Otras posibles cualidades de la materia, como la fuerza, o las llamadas cualidades secundarias (colores, olores, sonidos, etc.) le parecen a Descartes demasiado confusas, oscuras y, por tanto, rechazables.

De esta concepción de la res extensa se deriva una visión del mundo mecanicista, que se basa en la extensión y en el movimiento

La relación entre cuerpo y alma es un problema difícil de resolver. Descartes intentará solucionarlo con la hipótesis de la glándula pineal (entre los dos hemisferios del cerebro) como el punto de unión entre el alma y el cuerpo. Dentro del racionalismo se propondrán otras soluciones.

El mundo queda sin alma, sin magia, sin ángeles ni demonios. La magia y la religión son sustituidas por la ciencia. Esto constituye el “desencantamiento” del mundo moderno, contra la que lucharán movimientos como el romanticismo. La Inquisición dejará de perseguir brujas y perseguirá herejes.





miércoles, 11 de enero de 2017

411 EL RENACIMIENTO

4.1.1.Comprende la importancia intelectual del giro de pensamiento dado en el Renacimiento

Renacimiento es el nombre dado a un amplio movimiento cultural que se produjo en Europa Occidental durante los siglos xv y xvi. Fue un período de transición entre la Edad Media y la Edad Moderna. Sus principales exponentes se hallan en el campo de las artes, aunque también se produjo una renovación en las ciencias. La ciudad de Florencia, en Italia, fue el lugar de nacimiento y desarrollo de este movimiento, que se extendió después por toda Europa.

El Renacimiento se basa en el humanismo, que es una revalorización del mundo y del ser humano a partir de la recuperación de la cultura grecolatina. Es un planteamiento antropocentrico, que sustituye el teocentrismo medieval.
El mundo, la naturaleza y el ser humano son vistos desde una nueva perspectiva, esto da lugar a nuevos enfoques en el arte, la política, la filosofía y las ciencias,

En la Edad Media la existencia humana es una preparación para la vida futura, la naturaleza aparece como un reflejo imperfecto de la divinidad y la materia como la sede del pecado. El ser humano debe aceptar con humildad la revelación y la autoridad de la Iglesia.

En el renacimiento el uso de la razón permite al ser humano ser consciente de su valor, ganar autonomía y confianza en su capacidad de perfeccionarse y mejorar el mundo.

El Renacimiento rompió con la tradición artística medieval, a la que calificó como un estilo de bárbaros, que más tarde recibirá el calificativo de Gótico. 
Sin embargo, los cambios tanto estéticos como en cuanto a la mentalidad fueron lentos y graduales. El concepto actual de renacimiento será formulado en el siglo xix por el historiador Jules Michelet.

Su desarrollo coincidió con el inicio de la Edad Moderna, marcada por la consolidación de los estados europeos, los viajes transoceánicos que pusieron en contacto a Europa y América, la descomposición del feudalismo, el ascenso de la burguesía y del capitalismo.

En el siglo XVI muchos pensadores estaban dispuestos a romper con las creencias aceptadas, Fueron procesados y excomulgados por la Inquisición todos los que se atrevieron a pensar libremente. La Contrarreforma es la culminación de este proceso. Italia deja de ser un lugar propicio para el desarrollo intelectual.








lunes, 9 de enero de 2017

412 MAQUIAVELO

http://www.mgar.net/var/maquiave.htm

4.1.2. Explica las ideas ético-políticas fundamentales de N. Maquiavelo, y compara con los sistemas ético-políticos anteriores

Maquiavelo es un pensador sin un sistema filosófico concreto, un humanista con nostalgia de la grandeza de la antigua Roma; patriota, sin principios éticos. Aplicó el sentido práctico. La política nada tenía que ver con la moral o la religión.

Huye del utopismo, no propone las leyes que deben regir una sociedad ideal exenta de conflictos. Se plantear la resolución de los conflictos que se dan en las sociedades reales.

Para Maquiavelo el ser humano es por naturaleza perverso y egoísta, sólo preocupado por su seguridad y por aumentar su poder sobre los demás; sólo un estado fuerte, gobernado por un príncipe astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo que frene la violencia humana.

El Estado es una institución dotada de leyes propias y que no reconoce ninguna autoridad por encima de ella. El Estado no se rige por la religión o por la moral, sino por la necesidad de perpetuarse. El bien supremo es el poder del Estado. El poder es de quien lo conquista, la fuerza crea el derecho.



El príncipe o el gobernante tendrá que recurrir a la astucia, al engaño y, si es necesario, a la crueldad. La virtud fundamental es la prudencia, para la conveniencia del Estado. El gobernante debe poseer habilidad para sortear obstáculos, y "moverse según soplan los vientos". 

El político debe manipular en su beneficio la voluntad de los que le rodean. Debe ser astuto como un zorro para alcanzar y mantenerse en el poder. Pero además de usar la manipulacción y el engaño, debe ser fuerte como un león y capaz de utilizar la fuerza si es necesario.

No debe tener virtudes, solo aparentarlas. Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete. "La grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido". Los medios no importan: no es necesaria la moral, sino un realismo práctico. El gobernante no debe tener escrúpulos éticos.Política y moral son dos ámbitos distintos e incluso contradictorios. 

Para Maquiavelo la mejor forma de gobierno es la República: "el gobierno de muchos es mejor que el de unos pocos", y justifica la romana como la más perfecta. Aunque él era republicano y aspiraba a convertir a Florencia en un Estado fuerte, en El Príncipe acepta, como mal menor, que en ciertos momentos de corrupción y desorden es mas útil la acción de un solo personaje, adornado de cualidades excepcionales.

Aboga por la creación de un ejército poderoso, formado no por mercenarios, sino por ciudadanos. Todos los estados cambian por evolución o por revolución, un estado que desee conservar su libertad o independencia debe mantenerse siempre en guardia. Italia, que ha alcanzado gran importancia en todas las artes, debe destacar también en la de la guerra.

En el último capítulo de Il Príncipe, titulado Exhortación a liberar Italia de las manos de los bárbaros, proclama lo que constituye la idea rectora de la obra: Italia debe hallar su gobernante y sacudir el yugo extranjero. Escribe: espero que algún príncipe... siguiendo estas normas mías, consiga enseñorearse de toda Italia y hacer de ella una país grande, compacto y rico como los otros que ahora predominan en Europa.


"No es, por tanto, necesario a un príncipe poseer todas la cualidades anteriormente mencionadas, pero es muy necesario que parezca tenerlas. E incluso me atreveré a decir que si las tiene y si las observa siempre son perjudiciales, pero si aparenta tenerlas son útiles; por ejemplo: parecer clemente, leal, humano, íntegro, devoto y serlo, pero tener el ánimo predispuesto de tal manera que si es necesario no serlo, puedas y sepas adoptar la cualidad contraria. Y si se ha de tener en cuenta que un príncipe, y especialmente un príncipe nuevo, no puede observar todas aquellas cosas por las cuales los hombres son tenidos por buenos pues a menudo se ve obligado, para conservar su Estado, a actuar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión. Por eso necesita tener un ánimo dispuesto a moverse según le exigen los vientos y las variaciones de la forma y, como ya dije anteriormente, a no alejarse del bien, si puede, pero a saber entrar en el mal si se ve obligado". (Maquiavelo, El Príncipe)

En la primera mitad del siglo XV predominó el humanismo ciudadano, de carácter republicano inspirado en Cicerón. 

Los dos valores centrales del Renacimiento: racionalidad y libertad se aplican también a la visión renacentista de la sociedad. El progreso en la historia depende de la acción del hombre y no de la intervención divina. Para pensadores como Pico y Campanella el hombre es capaz de construir racionalmente una sociedad de seres libres e iguales.

En la segunda mitad predomina el humanismo cortesano. Los obras se dirigen a los gobernantes para ofrecerles consejos para un gobierno ideal. 
Se defiende la paz y la seguridad frente a la libertad política. Los gobiernos democráticos son propensos a las revueltas y al desorden. En esta corriente la postura más radical fue la de Maquiavelo.

Maquiavelo, se opone por completo la ética y la política que propusieron Platón, Aristóteles y los escolásticos, un hombre moral y honrado no puede ser un buen político. La virtud puede ser perjudicial para el político, por ejemplo la generosidad.

Maquiavelo no inventó el "maquiavelismo", esto es, la separación de la práctica política y los ideales cristianos; cualquier pequeño príncipe renacentista era ya un maquiavélico nato. El maquiavelismo, con su doctrina de la doble moral, tiene un paralelo en la doctrina de la doble verdad, que escindió la cultura de la Edad Media y dio paso al renacimiento. 

Durante siglos el Papado estuvo convencido del predominio divino sobre el poder temporal, el político, hecho que no admitía el último. Por ello, en ese tiempo, existió un enfrentamiento entre los dos poderes universales, surgiendo la teoría de las dos espadas, es decir, el símbolo del poder espiritual y el temporal. Ambos poderes estuvieron hasta el siglo XI, unidos en manos del Papa. Así por ejemplo, un rey o emperador sólo podía ser coronado si el Papado daba permiso para ello, aprobación que se escenificada en la ceremonia de coronación.



La teoría de la plenitudo potestatis en materia temporal y espiritual consigue una elaboración precisa en la bula Unam Sanctam del 1302 de papa Bonifacio VIII donde dice que no puede haber salvación ni perdón fuera de la Iglesia y que ésta solo tiene un jefe, Cristo y sus sucesores, que empezando por San Pedro poseen el poder de las dos espadas, la temporal y la espiritual cediendo esta última a reyes y caballeros que la habrán de utilizar a voluntad del sacerdote y en defensa de la Iglesia. También recalca en esta bula el hecho de que es siempre el poder espiritual quien ha de juzgar al temporal y en todo caso el poder espiritual inferior sería juzgado por el superior y que si es el supremo el que se equivoca nadie sino Dios puede juzgarlo siendo absolutamente necesario para la salvación que todos los hombres estén sometidos al Pontífice.

En los s. XII y XIII se produjo una amplia difusión de las ideas de Aristóteles a partir de diversas traducciones. La reacción de la Iglesia fue inicialmente de oposición, pero después lo fue aceptando. Siguiendo la teoría de Aristóteles de que el hombre era un animal político y social, Santo Tomás presentaba un equilibrio bastante inestable  ya que lo divino opera directamente en la naturaleza, en la comunidad natural de los hombres dirigidos por el Estado, y no a través de un vicario, perdiendo la Iglesia su supuesta preeminencia.


Esta nueva conciencia política se basa en la idea de soberanía que es el fundamento del nuevo estado moderno. la cual estaría avalada por los juristas romanistas y el germanismo por un lado y por tres grandes autores y pensadores con nombres propios que serían Dante, Juan de París y Marsilio de Padua por el otro. La autoridad no la derivan de Dios sino que decían que es del pueblo de donde los reyes reciben sus poderes a partir de una concesión o más concretamente de una abdicación siguiendo las tradiciones de Roma y Germania sin negar, por esto, una más alta investidura de Dios.

La doctrina política de Ockham se basa en la libertad del soberano temporal frente al papa. Guillermo se nos presenta como un defensor de la teoría de los dos poderes: para él, ni el papa ni el príncipe tienen pleno poder en su propio orden, pues existe un límite a ese poder en el bien común y en la libertad del individuo. Ockham resalta de manera especial la autonomía de la potestad civil, que no necesita ser legitimada por el poder espiritual, pues esta potestad civil es reconocida por el mismo Cristo. Asimismo se nos muestra como un pactista en lo que a la procedencia del poder se refiere, por lo que se le considera como uno de los padres de la democracia moderna y también un conciliarista, como Marsilio de Padua, en cuanto al ejercicio del poder dentro de las Iglesia.

Para Marsilio de Padua el estado es la reunión de hombres libres para vivir todos juntos de manera satisfactoria, conforme a unas normas. El pueblo traspasa el poder a un soberano, que debe asegurar la paz y el bienestar de todos los ciudadanos. Partiendo de este punto se deduce que todo poder, y por tanto, también el de la Iglesia, es delegado. En la medida en que sacerdotes y obispos ejercen autoridad, la reciben de manos de los laicos, no de Dios. Pocos juristas, legistas, teólogos o políticos, compartieron los radicales principios de Marsilio de Padua sobre la relación de la Iglesia y el Estado y en el siglo XV fue rechazado como hereje y encarnizado enemigo del papa. Su teoría laicista del Estado no fue aceptada, aunque sí su crítica a los abusos morales de la Iglesia.