miércoles, 31 de mayo de 2017

TEXTO HABERMAS









HABERMAS, J., "Del uso pragmático, ético y moral de la razón práctica",
en Aclaraciones a la ética del discurso (traducción e introducción de M. Jiménez
Redondo), Revista Observaciones Filosóficas

(http://www.observacionesfilosoficas.net/habermastraduc.htm)




II.
Según sea el problema de que se trate, la pregunta “¿qué debo hacer?” cobra,
pues, un significado pragmático, ético o moral. En todos los casos se trata de la
justificación de decisiones entre posibilidades alternativas de acción; pero las tareas
pragmáticas exigen un tipo de acciones distinto, y las correspondientes preguntas un
tipo de respuestas distinto que las preguntas éticas y morales. La ponderación de
fines, orientada por valores, y la ponderación “racional con arreglo a fines” de los
medios disponibles sirven a una decisión racional acerca de cómo hemos de intervenir
en el mundo objetivo para producir un estado de cosas apetecido. En este caso se
trata en lo esencial de clarificar cuestiones empíricas y de cuestiones relativas a
elección racional. El término ad quem del correspondiente discurso pragmático es la
recomendación de una tecnología adecuada o de un programa practicable. Cosa
distinta es la preparación de una decisión valorativa importante que afecta al camino
que vaya a tomarse en la vida. En este caso se trata de la clarificación de la
autocomprensión de un individuo, y de la cuestión clínica de cómo conseguir que mi
vida se logre o no resulte fallida. Términos ad quem del correspondiente discurso
éticoexistencial es un consejo acerca de cómo orientarme correctamente en la vida,
acerca de cómo encauzar mi modo de vida personal. Y otra cosa distinta es, a su vez,
el enjuiciamiento moral de acciones y máximas. Tal enjuiciamiento sirve a la
clarificación de expectativas legítimas de comportamiento en vista de conflictos
interpersonales que perturban la convivencia regulada, a causa de intereses en pugna.
En este caso se trata de la justificación y aplicación de normas que establezcan
derechos mutuos. Términos ad quem del correspondiente discurso prácticomoral es un
entendimiento acerca de la solución correcta de un conflicto en el ámbito de la acción
regulada por normas.

Los usos pragmático, ético y moral de la razón práctica se enderezan, pues,
respectivamente a la obtención de instrucciones de tipo técnico o estratégico, de
consejos clínicos, y de juicios morales. Llamamos razón práctica a la capacidad de
justificar los correspondientes imperativos; según sea la referencia a la acción y el tipo
de decisión que haya de tomarse, no sólo cambia el sentido ilocucionario de “tener
que” o de “deber”, sino también el concepto de la voluntad que en cada caso ha de
dejarse determinar por imperativos racionalmente fundados. El “deber ser” de las
recomendaciones pragmáticas, relativizado en función de fines y valores subjetivos,
está enderezado a la libertad de arbitrio de un sujeto, que toma decisiones inteligentes
sobre la base de actitudes y preferencias de las que ese sujeto parte
contingentemente: la facultad de elección racional no se extiende a los intereses y
orientaciones valorativas mismas, sino que los presupone como dados. El “deber ser”
de los consejos clínicos, sometido y enderezado al telos que representa la vida buena,
tiene como destinatario la aspiración del individuo a su propia autorrealización, es
decir, está dirigido a la capacidad de decisión de un individuo que se resuelve a una
vida auténtica: la capacidad de decisión existencial o de autoelección radical opera
siempre dentro del horizonte de la biografía, de cuyas huellas el individuo puede
aprender quién es él y quién quisiera ser. El “deber ser” categórico de los mandatos
morales está dirigido, finalmente, a la voluntad libre (libre en sentido enfático) de una
persona que actúa conforme a leyes que ella misma se ha impuesto: únicamente esta
voluntad es autónoma en el sentido de que se deja determinar por entero por razones
morales. En el ámbito de validez de la ley moral, a la determinación de la voluntad por
la razón práctica no le vienen trazados límites ni por disposiciones contingentes, ni
tampoco por la biografía e identidad personales. Autónoma sólo puede llamarse a la
voluntad dirigida por razones morales y, por tanto, enteramente racional. De ella han
sido eliminados todos los rasgos heterónomos de la voluntad de arbitrio o de la opción
por una vida singular, mía, auténtica en definitiva. Pero Kant confunde la voluntad
autónoma con la omnipotente; para poder pensarla como la dominante en absoluto
tuvo que situarla en el reino de lo inteligible. Pero en el mundo, como sabemos, la
voluntad autónoma sólo cobra eficacia en la medida en que la fuerza motivacional
dimanante de las buenas razones logre imponerse contra el poder de otras clases de
motivos. Así, en nuestro realista lenguaje cotidiano, a la voluntad correctamente
informada, pero débil, la llamamos “buena” voluntad.

Resumiendo, la razón práctica, según opere bajo el aspecto de lo adecuado o
útil, de lo bueno, o de lo justo, se dirige a la libertad de arbitrio del agente racional con
arreglo a fines, o a la fuerza de decisión del sujeto que trata de realizarse en
autenticidad, o a la voluntad libre del sujeto capaz de juzgar moralmente. Con ello
cambia en cada caso la constelación de razón y voluntad y el concepto mismo de razón
práctica. Pero junto con el sentido de la pregunta “¿qué debo hacer?”, no sólo cambia
de estatus el destinatario, es decir, la voluntad del actor que busca una respuesta, sino
también el informante, es decir, la capacidad de deliberación práctica. Pues, según sea
el aspecto elegido, resultan tres lecturas distintas de la razón práctica que se
complementan mutuamente. Sin embargo, en las tres grandes tradiciones filosóficas
sólo se ha tematizado una de estas lecturas. Para Kant la razón práctica coincide con la
moralidad; sólo en la autonomía se funden en unidad voluntad y razón. Para el
empirismo la razón práctica se agota en su uso pragmático; se reduce en palabras
kantianas, a un empleo de la actividad intelectiva en términos de racionalidad con
arreglo a fines. En la tradición aristotélica la razón práctica asume el papel de una
capacidad de juicio que sirve a aclarar e ilustrar el horizonte biográfico de un ethos
vivido. En cada uno de estos casos se exigen y esperan de la razón práctica
operaciones distintas. Es lo que se muestra en la diversa estructura de los discursos en
que esa razón práctica se mueve.



No hay comentarios:

Publicar un comentario