viernes, 31 de octubre de 2014

CONTEXTUALIZACION FILOSOFICA DE SAN AGUSTIN





AGUSTIN 4.2

El agustinismo es un conjunto de doctrinas filosóficas y teológicas inspiradas en san Agustín. Algunos de sus temas más característicos son cuestiones religiosas, como la disputa sobre la gracia y la predestinación. Quizá la característica más importante del agustinismo sea la preeminencia de la fe sobre la razón, que influye en toda la Escolástica.

Su inspiración neoplatónica entró en colisión y disputa con el aristotelismo que se difundió en el s. XIII. La teoría de la iluminación interior se opuso a la teoría de la abstracción, defendida sobre todo por Tomás de Aquino.

La doctrina de las dos ciudades dio origen no sólo al llamado agustinismo político, sino también a una filosofía de la historia lineal característica de Occidente que derivó a la idea de progreso. El agustinismo político torciendo el sentido de la enseñanza agustiniana, impondrá al Estado el deber de subordinarse a los fines de la Iglesia. La doctrina de las dos espadas, establece la separación de poderes entre la esfera temporal y la  espiritual y la superioridad de la potestad espiritual del Papa sobre la temporal del emperador.

El neoplatonismo es una sistematización de la filosofía y de ideas religiosas orientales, se utilizó para revitalizar el politeísmo y frenar la propagación del cristianismo. Muchos filósofos neoplatónicos escribieron libros contra los cristianos. El mundo intelectual intentó demostrar que el paganismo no estaba acabado. Invocando la autoridad de Platón, a quien los cristianos reverenciaban, pretendían mantener a los dioses y los ritos paganos.

En los escritos de Plotino, san Agustín descubrió algo fundamental para la historia del pensamiento occidental: Dios y el alma son realidades inmateriales. Casi todos los filósofos antiguos hablan sido materialistas. La conversión filosófica de Agustín al neoplatonismo introduce definitivamente el inmaterialismo en la filosofía posterior. El neoplatonismo permitirá a S. Agustín explicar la existencia del mal sin recurrir al dualismo maniqueo. Las cosas ni son absolutamente ni no son absolutamente. Existen porque tienen el ser de Dios, no son absolutamente porque no son lo que es Dios. Las cosas tienen un grado de bondad, pero son corruptibles. Todo lo que existe es bueno, el mal no es una sustancia, sino una privación del bien.

En el neoplatonismo aparece una forma de trinidad divina. El Uno es absolutamente transcendente: está «más allá del ser y la substancia») y, por tanto, «más allá de la mente y la ciencia»: es inefable e incomprensible. El modo como todo procede del Uno es una emanación que deja al Uno inalterado. La emanación no es propiamente «creación» (en el sentido cristiano). A partir del Uno por emanación surge el Nous (Inteligencia), que conoce al Uno y a sí mismo y a todas las cosas, pero no en una idea, sino en multiplicidad de ideas. En el Nous se encuentran las Ideas platónicas y equivale al mundo inteligible. Del Nous emana el Alma del mundo, que no conoce al Uno, y de la que proceden todas las almas y formas de los seres sensibles. Ella anima el alma de todo lo viviente y así gobierna todo, como Providencia que origina un cosmos armónico y bello.

El hombre, como alma en un cuerpo, es el centro del cosmos. Y es en él como se inicia el proceso de retorno al Uno. Se trata de que el hombre entre dentro de sí mismo, vuelva a la interioridad: «El sabio saca de sí mismo lo que revela a los demás y mira hacia si mismo, pues no sólo tiende a unificarse y aislarse de las cosas externas, sino que está vuelto hacia si mismo y encuentra en si todas las cosas».

lunes, 26 de noviembre de 2012

ARISTOTELES TEMAS





Virtudes morales y virtudes intelectuales.







Virtud y felicidad.

ARISTOTELES NOCIONES



(en elaboración)

LO NECESARIO Y LA CIENCIA

Aristóteles piensa que no hay ciencia sino de lo universal y necesario. La ciencia explica la realidad deduciendo lo particular de lo universal (que es su causa). El silogismo es la estructura formal que permite realizar esa conexión. El silogismo muestra cómo lo particular se subsume en lo universal. La lógica es el instrumento de la ciencia.

En función de esta teoría del conocimiento, Aristóteles distingue varios tipos de conocimiento:
1. Experiencia (empiréia): Conocimiento de cosas concretas, materiales, pero sin preguntarse el porqué de las cosas.
2. Ciencia (episteme): El conocimiento de las causas y principios de las cosas, la captación de la esencia del ser y de sus principios indemostrables.
3. Inteligencia (noûs): Es el conocimiento de los primeros principios, indemostrables e imposibles de obtener a través de la experiencia. De ellos sólo se tiene intuición.


Según el carácter de universalidad y necesidad aristóteles elabora una clasificación de las ciencias

Ciencias de lo necesario (teóricas o contemplativas)
matemáticas : tiene por objeto el estudio de la cantidad
filosofía natural (física): estudio sobre la naturaleza (lo que tiene en sí un principio de movimiento o reposo)
filosofía primera (metafísica): de la primera causa del movimiento (teología) y del ser en tanto ser (ontología )
lógica : las formas validas de razonamiento ( silogística )

Conocimiento de lo posible , que tratan de aquel tipo de objetos que pueden darse o no, que son solo posibles:
ciencias prácticas : la conducta humana ( ética y política )
ciencias poéticas : lo relacionado con la producción (poesía, gramática, retórica, arquitectura, medicina …)





LA PRODUCCION Y LA ACCION

Técnica o arte (tékhne) (Poética, retórica, dialéctica, medicina, música, gimnástica, etcétera ) es el saber que tiene como fin la producción de algo, ese tipo de acción en griego se llama poíesis. La poíesis es aquella acción en que cabe distinguir la acción misma y su objeto: como la estatua se distingue del hecho de esculpirla. La tékhne es una saber superior a la mera experiencia, porque mientras por experiencia se sabe de un número concreto de casos, por tékhne se sabe de todos los casos de un mismo fenómeno. El empírico sabe que Fulano está enfermo y que suministrándole tal fármaco se curará, mientras que quien posee la técnica de la medicina sabe por qué se cura.

El saber práctico remite a la capacidad de ordenar racionalmente la conducta, tanto pública como privada. Se pueden distinguir tres ciencias prácticas. La ética o gobierno de uno mismo, economía o gobierno de la casa, de la familia y la política o gobierno de la polis
Por naturaleza el hombre tiende a buscar el bien, por lo que bastaría conocerlo para obrar correctamente; el problema es que el hombre desconoce el bien, y toma por bueno lo que le parece bueno. Para Aristóteles no es posible afirmar la existencia del "bien en sí", como hacía Platón, de un único tipo de bien: habrá muchos tipos de bienes.
Hay tres aspectos fundamentales en la conducta: la volición, la deliberación y la decisión. Es decir, queremos algo, deliberamos sobre la mejor manera de conseguirlo y tomamos una decisión acerca de la acción que vamos a realizar. Dado que Aristóteles entiende que la voluntad está naturalmente orientada hacia el bien, la deliberación no versa sobre lo que queremos, sobre la volición, sino solamente sobre los medios para conseguirlo; la naturaleza de cada sustancia tiende hacia determinados fines que le son propios.





PRUDENCIA Y MODERACION

Las funciones de la parte racional son la función productiva, la función práctica y la función contemplativa o teórica. A cada una de ellas le corresponderá una virtud (dianoética) propia. El conocimiento o dominio de un arte significa la realización de la función productiva.
A la función práctica, la actividad del pensamiento que reflexiona sobre la vida ética y política del hombre tratando de dirigirla, le corresponde la virtud de la prudencia. Mediante ella estamos en condiciones de elegir las reglas correctas de comportamiento. No es una ciencia, la ciencia trata de lo universal, mientras que la prudencia siempre lo es de lo particular. La prudencia es el resultado de una larga experiencia de lo particular. Por eso los jóvenes carecen de experiencia y necesitan seguir los consejos de algún varón prudente y experimentado La prudencia es una virtud fundamental de la vida ética del hombre, sin la cual difícilmente podremos adquirir las virtudes éticas. La prudencia ocupa un lugar intermedio entre el saber productivo y la ciencia.

La moderación es para Aristóteles algo que salvaguarda la prudencia, porque un hombre que no contenga los placeres (que no sea moderado), se encontrará cegado a la hora de deliberar acerca de lo bueno, labor que corresponde a la prudencia. La moderación, por tanto, preserva a la prudencia de la perturbación que el placer y el dolor ocasionan en los juicios referidos a la actuación. Las virtudes morales se rigen por la pauta ética del “justo medio”:la virtud está en el término medio entre dos extremos deficientes, uno por exceso y otro por defecto. Por tanto, la moderación será lo que permita al ser humano alcanzar el resto de las virtudes. En resumen, la prudencia y moderación constituyen dos caras (una del plano de las virtudes morales y otra del plano de las virtudes intelectuales prácticas respectivamente) para el dominio de los impulsos del deseo irracional del ser humano, situados en el alma sensitiva que, si bien no es racional, sí“escucha” los dictados de la razón y puede ser guiada por ella a través de la costumbre. La obra del hombre, afirma Aristóteles, se lleva a cabo por la prudencia y la virtud moral, porque la virtud hace que el fin propuesto sea recto,y la prudencia hace rectos los medios para este fin. Así, sobre todo la virtud moral de la moderación, hace recto el fin que se propone el hombre en su acción, mientras que la prudencia se ocupa de los medios.


viernes, 16 de noviembre de 2012

ARISTOTELES CONTEXTUALIZACION







CONTEXTUALIZACION 4.1

 
 

Aristóteles ha pasado a la historia, entre otros cosas, como el padre de la lógica. De hecho, sus propuestas en este campo, junto a las aportaciones de los estoicos, han constituido prácticamente toda la lógica hasta el siglo XIX. Sus escritos sobre lógica, fueron reunidos en la época bizantina bajo el título de Organon ( en griego significa "instrumento"). Este término manifiesta el propósito aristotélico de exponer los instrumentos de cualquier quehacer científico.

Aristóteles distinguió tres operaciones fundamentales en el conocimiento humano: la simple aprehensión, en la que captamos la naturaleza o esencia de las cosas y formulamos los conceptos; el juicio, que relaciona los conceptos entre sí; y el raciocinio, que nos permite avanzar en el conocimiento ya que a partir de una serie de juicios conocidas inferimos otras hasta entonces ignoradas. Estas tres operaciones mentales marcan el contenido de los diversos tratados de la lógica aristotélica.
 
El tratado primero, las Categorías, se ocupa de las palabras o términos en cuanto son expresión de los conceptos. Las palabras expresan los distintos modos de ser (las categorías o géneros supremos) a los que se reduce toda la realidad.

El segundo tratado, Sobre la interpretación, está dedicado al juicio. El juicio, cuya expresión lógica es la proposición, es el acto con el que afirmamos o negamos un concepto de otro concepto. Los conceptos, en sí mismos, no pueden ser verdaderos o falsos. En cambio, la proposición sí que es susceptible de verdad o falsedad en función de si lo unido o separado por la inteligencia está unido o separado en la realidad.

Los Primeros Analíticos constituyen el tercer tratado, en el que se estudia la vinculación de proposiciones o estructura del razonamiento: el silogismo. Analiza la estructura silogística común a todos los razonamientos formalmente válidos. 

. Aristóteles también examina los requisitos para que un razonamiento, además de formalmente correcto, sea verdadero. Este análisis lo realiza, fundamentalmente, en los Segundos Analíticos, donde se ocupa de la demostración y sus tipos, así como de la inducción como método de llegar a los primeros principios de la ciencia: Un silogismo correcto sólo llega a la verdad si las premisas son verdaderas. Para demostrar la verdad de las premisas se puede recurrir a otro silogismo, pero dado que este proceso no puede continuarse hasta el infinito, es necesario que existan algunos principios supremos evidentes por sí mismos, que no necesitan demostración. 

En los Tópicos, el quinto de los tratados, Aristóteles se ocupa del examen del silogismo dialéctico, cuyas premisas son sólo probables. Su análisis se orienta básicamente al contenido, y no a los aspectos formales y dialécticos, ofrece una enumeración de todos los procedimientos que permiten convencer sin preocuparse del valor de verdad del discurso. 

Finalmente, las Refutaciones sofísticas es un tratado dirigido contra los sofistas, en el que se ocupa de los razonamientos viciosos.

Para Aristóteles el universo constituye un mundo ordenado (cosmos), eterno en el tiempo (no ha tenido un principio temporal), finito, simétrico y esférico. Está constituido por dos mundos distintos: el sublunar o de los cuatro elementos y el supralunar o de las esferas celestes. El movimiento es común a todas las sustancias del universo, aunque de distinto modo:
las sustancias de este mundo sublunar tienen movimiento local y de generación y corrupción; las celestes, increadas, tienen movimiento circular, continuo y eterno. El mundo sublunar (de la luna a la tierra): está formado por la tierra, de forma esférica y que se halla en reposo en el centro. A su alrededor se superponen la esfera del agua, del aire y del fuego. Estos cuatro elementos (tomados de la física de su tiempo, en concreto de Empédocles) constituyen la base material de los cuerpos sujetos a nacimiento y corrupción. Los elementos tierra y agua tienden por naturaleza hacia el centro; en cambio, el aire y el fuego tienden a apartarse de él.

El mundo supralunar contiene los astros, cuya naturaleza es incorruptible y tienen un movimiento circular. Están compuestos de un quinto elemento, distinto y superior, denominado "éter" que, al contacto con el aire, produce cierta incandescencia. El mundo celeste o supralunar está formado por esferas concéntricas en continuo movimiento, en un orden armonioso. En el centro está la Tierra que se halla circundada por 56 esferas concéntricas que giran uniformemente alrededor del propio eje. Este número fue calculado con arreglo a las concepciones astronómicas de su tiempo. La primera de todas las esferas, la más externa, es la denominada "esfera de las estrellas fijas" que es animada directamente por el Primer Motor, Dios, el motor inmóvil, que mueve a modo de causa final.


En zoología Aristóteles propuso un conjunto fijo de tipos naturales (especies), que se reproducen de forma fiel a su clase. Aristóteles pensó que la excepción a esta regla la constituía la aparición "por generación espontánea" de algunas moscas y gusanos "muy inferiores" a partir de fruta en descomposición o estiércol. Las especies forman una escala que comprende desde lo simple (con gusanos y moscas en el plano inferior) hasta lo complejo (con los seres humanos en el plano más alto), aunque la evolución no es posible.


La imagen aristotélica del cosmos se derrumbó con el desarrollo de la ciencia moderna en el Renacimiento.






CONTEXTUALIZACION 4.2


EPICURO (341- 270 a.C.),


Al poco de morir Aristóteles comienza la
época helenística, período de gran inestabilidad política y social y de gran angustia personal. Tras la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) su Imperio se divide entre sus generales, que se convierten en monarcas absolutos. La polis pierde su importancia y la gente empieza a sentirse como una minúscula parte de un gran imperio, esto lleva a nuevas formas de entender el mundo. Para los griegos la participación activa en el gobierno era una dimensión esencial de la vida, cuando las  polis perdieron su independencia, para muchos griegos el sentido de su vida quedó mutilado. Florecen una serie de escuelas filosóficas (estoicismo, epicureismo y escepticismo) que se caracterizan por su mayor interés en los problemas éticos y antropológicos.

La libertad social y política será sustituida por la libertad individual de la persona que se basta a sí misma. Epicuro es en esto radical, el hombre sabio no interviene en política, no se esforzará en dominar el arte de la retórica ni querrá ser rey. La comunidad de amigos sustituye a la comunidad política. En cambio el sabio estoico actúa en política, pero su auténtica libertad es personal e interior.

La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino eminentemente práctica, procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran eliminados. Para ello se apoyó en una teoría del conocimiento empirista, en una física atomista y en una ética hedonista.

Epicuro elaboró una física  en clara deuda con el atomismo de Demócrito. Todos los cuerpos del universo de los que tenemos conocimiento son compuestos de dos elementos: unos indivisibles, simples e inmutables que se mueven azarosamente, los átomos y el elemento que los delimita y permite sus movimientos: el vacío. La diversidad de seres se explica por la diversidad de átomos: varían sus tamaños, formas y pesos. Esta última característica origina que sus movimientos naturales sean "hacia abajo".
 
Para explicar que se hayan creado los cuerpos como agregados de átomos con movimientos rectilíneos hacia abajo, Epicuro introduce un elemento de indeterminación. Debido a su peso los átomos se desvían de su curso, chocando y entrelazándose unos con otros hasta formar un compuesto aparentemente estable. Esta "desviación" es accidental, lo que apoya su tesis de que la naturaleza no se rige por leyes necesarias, y que no existe el destino. El universo no posee finalidad alguna, siendo todo fruto del azar.

Platón y Aristóteles rechazaron el atomismo. Por un lado el conocimiento de la naturaleza resultaba imposible, no es posible calcular las trayectorias y colisiones de infinitos átomos moviéndose en el vacío. De otra parte el Universo es el producto imprevisible de estas colisiones, el orden proviene inexplicablemente del desorden, del azar. No existe una Inteligencia que de orden a la materia ni finalidad alguna que permita comprender los procesos naturales.

No era ateo. Aceptaba la existencia de los dioses por ser una creencia universal. La generalización de esta creencia proviene de efluvios atómicos que emanan de los dioses mismos y que penetran, no en nuestros órganos, sino directamente en nuestra mente por su mayor sutilidad. Mas esto no implica que los dioses actúen sobre el mundo natural y humano. Al contrario, los dioses son absolutamente indiferentes y están libres de toda pasión. Nada de este mundo les incumbe y por lo tanto, tampoco deben ser de incumbencia humana. Dios es perfecto y está siempre en paz y no puede enojarse con nadie o por nada, porque el disgustarse es propio de un ser imperfecto. De igual manera, no necesita ni desea nada de nadie, ya que si Él necesitase o desease algo, no sería Dios sino un ser infeliz e imperfecto.

El hecho de morir tampoco debe causarnos desasosiego. El alma no existe ni podrá subsistir independientemente del cuerpo porque es un conjunto de átomos ínfimos distribuidos a través de todo el organismo. La muerte es el cese de esa unión, por lo que es imposible su inmortalidad o la reencarnación. “La muerte no es nada para nosotros: cuando existimos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces ya no existimos”

El máximo bien que un hombre puede alcanzar es la
felicidad , ésta se identifica con el placer, entendido como la total ausencia de dolor. Ha de hacerse un sabio cálculo entre las ventajas y desventajas para conseguir un máximo de placer y un mínimo de dolor, utilizando las virtudes como medios, no como fines, para alcanzar la felicidad. Hay muchas clases de placeres, muchos están unidos a dolores. Los deseos pueden ser naturales y necesarios, como beber o abrigarse, naturales  no necesarios, asociados a la vanidad o al lujo, y deseos ni naturales ni necesarios, como el deseo de poder, honores o riquezas. El sufrimiento moral es peor que el sufrimiento corporal, el cuerpo sólo puede sufrir los males presentes, pero el alma puede sufrir con el recuerdo de los males pasados y con el temor de los futuros.

La
prudencia es la guía del placer, porque permite llevar a cabo un cálculo óptimo. De la prudencia nacen las demás virtudes, porque nos enseña que no es posible vivir feliz, sin vivir sensata, honesta y justamente.
La
moderación es deseable porque nos proporciona un estado de imperturbabilidad (ataraxia), al eliminar deseos artificiales y necesidades creadas. Cuantos menos deseos tengamos y más sencillos y naturales sean, más fácil será satisfacerlos y vencer el dolor, que, en definitiva, es el que establece la magnitud del placer. La felicidad no va incluida en la riqueza, la riqueza más allá de lo esencial es tan inútil como un recipiente que se desborda. El dinero debe servir para cubrir las necesidades básicas.
El coraje o la
fortaleza nos permite liberarnos del miedo y la ansiedad, así como superar todos los males inevitables que nos acaezcan, corporales (enfermedad, muerte, etc.) o anímicos (tristeza, miedo al destino, a los dioses, etc.)

De entre todas las virtudes la más elogiada por Epicuro es la
amistad, no sólo por el enriquecimiento y la satisfacción personal que otorga, sino porque supone el origen de la justicia social, concebida como un pacto de "no dañar ni ser dañado" en el que se fundamenta, en definitiva, toda sociedad.

Epicuro desafió las convenciones sociales de su época, desdeñando el ansia de riqueza y poder, pues son medios inútiles de alcanzar la felicidad. Muy molesta fue su crítica contra la
esclavitud y las desigualdades entre hombres y mujeres e incluso entre griegos y extranjeros. A su Jardín, más una comunidad de amigos que una academia en sentido estricto, podía acceder cualquier persona independientemente de su origen social, raza o sexo, porque el bien nada sabe de esas distinciones. 

 
 
 
 

ARISTOTELES Y LA FILOSOFIA GRIEGA

 
 
Una de las primeras preocupaciones de los filósofos fue encontrar una explicación racional de la naturaleza. Los Presocráticos se percataron de que la realidad es diversa y se halla en continua y perpetua transformación.

 
Heráclito ha sido definido como el filósofo del cambio, por su concepción dinámica de la realidad. "Todo cambia" y hasta las cosas aparentemente más duraderas están sujetas a mutación. Pero esta realidad plural y cambiante no lo es todo, tras ella existe un fundamento. Este primer principio Heráclito lo identifica con el fuego. Es el principio del cambio. Es la única sustancia que cambia y en ese cambio se van generando todas las cosas.

 
Parménides, al contrario, opina que el movimiento es imposible, pues el cambio es el paso del ser al no ser o la inversa, del no ser al ser. Esto es inaceptable, ya que el no ser no existe y nada puede surgir de él.

 
Parménides influye en toda la filosofía griega posterior, incluyendo a Platón y a Aristóteles. Afirmaba que: “Es necesario decir y pensar que el ser es y que el no ser no es.” Sólo este camino nos conduce a la verdad. El ser es uno, inmutable, inmóvil, indivisible e intemporal. Las razones en las que fundamenta esta descripción son puramente lógicas. El ser es único porque, si hubiese dos seres, ¿qué los diferenciaría? ¿El ser? No, porque es lo que tienen en común. ¿El no ser? Tampoco: si el no ser no es, no puede ser causa de la diferencia. Por lo tanto el ser es uno. Además, el ser no puede cambiar: no puede cambiar hacia el ser, pues ya es, y ¿cómo podría cambiar hacia el no ser, si el no ser no es?. El ser es indivisible porque sólo podrían ser separadas las partes por el no ser. Como consecuencia el cambio, el tiempo, la pluralidad y el vacío son considerados ilusorios. Así se introduce la distinción entre verdad y apariencia, verdad y opinión, y se otorga primacía a la razón sobre los sentidos. Afirma que este mundo no es, los sentidos nos engañan: nos muestran un mundo de multiplicidad sujeto al cambio. A partir de este momento es necesario explicar cómo siendo el Ser inmutable, la realidad es múltiple y cambiante.

Para Aristóteles, el error de Parménides radica en el hecho de no darse cuenta de que existen diversas maneras de ser o no ser. Una semilla no es un árbol, pero puede llegar a serlo, es un árbol en potencia.
 
Platón, supone una especie de síntesis de estas dos concepciones opuestas; la de Heráclito y Parménides. Por un lado tenemos el mundo sensible, caracterizado por un cambio constante y por el otro, tenemos el mundo perfecto de las ideas, caracterizado por la eternidad y la incorruptibilidad.
 
Según Platón el error de los primeros filósofos consistió en querer llegar a la verdad de las cosas y a la explicación de sus causas por medio de los sentidos. Por ello, presentaron una realidad cambiante.
 
Platón admite, con Protágoras, que el conocimiento sensible es relativo; pero no admite que sea la única forma de conocimiento. Cree, por el contrario, con Parménides, que hay otra forma de conocimiento propia de la razón. El verdadero conocimiento debe ser universal y necesario, debe tratar sobre el ser, no sobre el devenir o no-ser, y no puede estar sometido a error, debe ser infalible. La ciencia sólo puede versar sobre objetos permanentes. El conocimiento sensible no puede ser el verdadero conocimiento, ya que no cumple ninguna de esas características.

 A partir de las enseñanzas de Sócrates, el descubrimiento de la argumentación inductiva y la definición universal, Platón busca la realidad de cada cosa, su esencia, que es inmutable; no se la puede percibir con los sentidos, sino mediante la inteligencia, la cual puede captar lo que es puro, existe siempre y no cambia. Platón afirma que existe un mundo perfecto, distinto al mundo sensible.

 
Crea otro mundo para explicar éste. Platón no niega nunca la realidad del mundo sensible; ni tampoco la capacidad de la experiencia sensible para captar esta realidad. Pero afirma que no es esa la realidad fundamental, el fundamento de la realidad sensible está en el mundo de las Ideas. Las Ideas son el modelo de las cosas, las cosas se parecen un poco a las Ideas, pero tienen características opuestas, son múltiples, corruptibles, sometidas al cambio, son una pobre copia de la realidad inteligible. La teoría de las Ideas implica una duplicación ontológica, existen dos mundos con características muy diferentes. Sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento, mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo nos proporcionan opinión.
 
Hay un elemento común entre todos los objetos de la misma clase, el universal, la Idea, que es la causa de que apliquemos la misma denominación a todos los objetos del mismo género; ese universal es real, pero tiene existencia independiente de las cosas. La teoría de las Ideas, duplica sin motivo el mundo, estableciendo un mundo paralelo que necesitaría a su vez de explicación. No es capaz de explicar el movimiento de las cosas, que era uno de los propósitos de la filosofía presocrática. Si las Ideas son inmóviles e inmutables y las cosas imitan las ideas, tendrían que ser también inmóviles e inmutables; pero si cambian ¿de dónde procede ese cambio?.

Aristóteles admite como Platón y Sócrates que la esencia es lo que define al ser, pero la diferencia es que la esencia es la forma, que está unida inseparablemente a la materia y juntos constituyen el ser, que es la sustancia. La afirmación de la importancia del conocimiento sensible, del conocimiento de lo singular para llegar a lo universal, es un precedente de las corrientes filosóficas empiristas y de la investigación científica.
 
 
 
 
 
 
 
 

La crítica de la teoría de las Ideas
http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_meta.htm 

La metafísica aristotélica se elabora en buena medida como reacción a la teoría de las Ideas de Platón. Todo indica, que las primeras críticas a la teoría de las Ideas se elaboran tras su abandono de la Academia, cuando Aristóteles comienza a perfilar su propia filosofía. Hay que recordar, sin embargo, que ya Platón había criticado la teoría de las Ideas en el Parménides, y que probablemente la teoría de las Ideas había sido objeto de numerosas controversias en la Academia. 

Aristóteles estará de acuerdo con Platón en que hay un elemento común entre todos los objetos de la misma clase, el universal, la Idea, que es la causa de que apliquemos la misma denominación a todos los objetos del mismo género; admitirá, por lo tanto, que ese universal es real, pero no que tenga existencia independiente de las cosas, es decir, que sea subsistente. 

La teoría de las Ideas al dotar de realidad subsistente al universal, a la Idea, duplica sin motivo el mundo, estableciendo un mundo paralelo que necesitaría a su vez de explicación. Tampoco es capaz de explicar el movimiento de las cosas, el cambio, ya que siendo las Ideas inmóviles e inmutables, si las cosas son una imitación de las ideas habrían de ser también inmóviles e inmutables; pero si cambian ¿de dónde procede ese cambio?. ("Metafísica", libro 1,7) . 

Aristóteles considera que la teoría de las Ideas es imposible, ya que establece una separación entre el mundo visible y el mundo inteligible, es decir, entre la sustancia y aquello por lo que una sustancia es, su forma. ¿Cómo es posible que aquello por lo que algo es lo que es no resida en el objeto, sino fuera de él? ¿Cómo es posible que aquello que hace que el hombre sea hombre, la Idea de hombre, no resida en el hombre, sino que exista independientemente de él?

Las formulaciones de Platón para tratar de explicar la relación entre las Ideas y las cosas, las teorías de la participación y la imitación, por lo demás, lejos de explicar dicha relación no son más que metáforas; ya el mismo Platón había criticado dichas teorías en el Parménides; Aristóteles insistirá en sus carencias con el argumento del "tercer hombre": si el hombre es el resultado de la imitación de la Idea de hombre, y tal Idea es entendida como una entidad de carácter individual, ¿A qué otra realidad imita la Idea de hombre? Debe existir un tercer modelo de hombre para explicar la similitud entre el hombre concreto y la Idea de hombre, del mismo modo que se postula la Idea de hombre para explicar la similitud entre los hombres concretos. De ese modo encadenaríamos hasta el infinito la exigencia de un modelo del modelo, lo que nos llevaría al absurdo. 

Por otra parte, las cosas no pueden provenir de las Ideas; sin embargo, es esa una afirmación crucial de la teoría de las Ideas, al concebir que las Ideas son causa de las cosas; no obstante, es el mismo Platón en el Timeo quien explica que las ideas son sólo el modelo en el que se inspira el Demiurgo para modelar las cosas, es decir, las causas ejemplares de las cosas, pero no sus causas eficientes. ("Metafísica", libro 1,7) . 

En esta crítica aristotélica a la teoría de las Ideas se vislumbran ya los fundamentos de su propia metafísica: ante la imposibilidad de que Ideas expliquen coherentemente la causa de lo real propondrá la teoría de las cuatro causas del ser; y ante la irrealidad de las Ideas, propondrá su teoría de la sustancia. La inconsistencia de la explicación platónica del cambio, por lo demás, le llevará a proponer la distinción entre ser en acto y ser en potencia.




sábado, 31 de marzo de 2012

TEXTO WITTGENSTEIN





WITTGENSTEIN, L., Tractatus Logico-Philosophicus, 6.5-7 (trad. J. Muñoz e I. Reguera, Madrid, Alianza, 1999, pp. 181-183).
 
6.5 Respecto a una respuesta que no puede expresarse, tampoco cabe expresar la pregunta.
El enigma no existe.
Si una pregunta puede siquiera formularse también puede responderse.


6.51 El escepticismo no es irrebatible, sino manifiestamente absurdo, cuando quiere dudar allí donde no puede preguntarse.
Porque sólo puede existir duda donde existe una pregunta, una pregunta sólo donde existe una respuesta, y ésta, sólo donde algo puede ser dicho.


6.52 Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo.
Por supuesto que entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es
precisamente la respuesta.
 

6.521 La solución del problema de la vida se nota en la desaparición de ese problema. ()No es ésta la razón por la que personas que tras largas dudas llegaron a ver claro el sentido de la vida, no pudieran decir, entonces, en qué consistía tal sentido?)
 

6.522 Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico.
 

6.53 El método correcto de la filosofía sería propiamente éste: no decir nada más que lo que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural -o sea, algo que nada tiene que ver con la filosofía-, y entonces, cuantas veces alguien quisiera decir algo metafísico, probarle que en sus proposiciones no había dado significado a ciertos signos. Este método le resultaría insatisfactorio -no tendría el sentimiento de que le enseñábamos filosofía-, pero sería el único estrictamente correcto.
 

6.54 Mis proposiciones esclarecen porque quien me entiende las reconoce al final como absurdas, cuando a través de ellas -sobre ellas- ha salido fuera de ellas.
(Tiene, por así decirlo, que arrojar la escalera después de haber subido por ella.)
Tiene que superar estas proposiciones; entonces ve correctamente el
mundo.


7. De lo que no se puede hablar hay que callar.




WITTGENSTEIN: NOCIONES Y TEMAS

Nociones:Ciencia y filosofía.

Hay varios tipos de proposiciones:

Proposiciones con sentido: todas las que describen hechos, tanto las que encontramos en la vida cotidiana como las que encontramos en las ciencias naturales;
Oraciones que carecen de sentido, que no dicen nada: 
 
Pseudoproposiciones lógicas: las tautologías y las contradicciones son carentes de sentido, pero no son sinsentidos; las leyes lógicas y matemáticas no describen ningún acontecimiento real del mundo.

Pseudoproposiciones filosóficas: no describen estados de cosas, no se refieren al mundo, por lo que carecen de sentido; pero tampoco describen las estructuras formales del lenguaje; las proposiciones filosóficas son sinsentidos. Wittgenstein considera que no existen los problemas filosóficos, que son pseudoproblemas consecuencia de confusiones lingüísticas; las proposiciones metafísicas no son ni verdaderas ni falsas, son sinsentidos.

Wittgenstein afirma que el mundo es la totalidad de los hechos y que sólo de ellos es posible hablar, el neopositivismo acepta esta idea y considera que nada hay además de éste ámbito empírico; sin embargo, la posición de Wittgenstein es más compleja.

En el mundo no hay otra cosa que hechos, y los problemas a los que éstos pueden dar lugar atañen sólo a cuestiones empíricas, por lo tanto a las ciencias. Lo místico aparece ante la contemplación del mundo como un todo; “No es lo místico cómo sea el mundo, sino que sea el mundo.” (“Tractatus”, 6.44). “Sentir el mundo como un todo limitado es lo místico.” ("Tractatus", 6.45). La experiencia mística no es una experiencia cognoscitiva sino un sentimiento: el objeto del sentimiento místico no se ofrece en el mundo, no es un hecho y sólo de los hechos cabe el conocimiento; sin embargo, hay otras formas de relacionarse con lo existente, y, aunque Wittgenstein no explica en qué consiste, sugiere que está del lado de los sentimientos: “Sentir el mundo como un todo limitado es lo místico” (“Tractatus”, 6.45); esta experiencia es inefable, no se puede decir, pues está más allá de los límites del lenguaje: “¿No es ésta la razón de que los hombres que han llegado a ver claro el sentido de la vida, después de mucho dudar, no sepan decir en qué consiste este sentido?” (“Tractatus”, 6.521); de ahí la recomendación última del Tractatus (7) “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. Creer en un Dios quiere decir comprender el sentido de la vida. Creer en un Dios quiere decir ver que con los hechos del mundo no basta. Creer en Dios quiere decir ver que la vida tiene un sentido.” (“Diario filosófico”, 8.7.16).

Los valores morales no se pueden describir con enunciados empíricos: el valor no es un rasgo más de las cosas, no es una realidad empírica, de ahí que todas las proposiciones relativas al mundo, a los hechos valgan lo mismo. Sin embargo la posición de Wittgenstein es más compleja que la de Hume. Del mundo moral y estético no se puede hablar, sin embargo existe dicho mundo y se muestra en nuestra vida.















Nociones Decir y mostrar.

La Realidad: es el ámbito de lo que se puede hablar, el conjunto de hechos posibles a los que corresponden el conjunto de proposiciones con sentido; está formada por el conjunto de cosas existentes más el conjunto de cosas inexistentes pero posibles.

El Mundo: es una parte de la realidad; el conjunto de cosas existentes, la realidad actual; le corresponde el conjunto de proposiciones elementales verdaderas. Wittgenstein llama “mundo” al conjunto de hechos que acaecen.

Los hechos: son realidades complejas y a ellos se refieren las proposiciones complejas; constan de hechos atómicos;los estados de cosas o hechos atómicos: son los acontecimientos que ya no pueden dividirse en otros más simples, aunque en un cierto sentido se puede decir que poseen una estructura pues constan de objetos y de relaciones entre ellos; se expresan mediante las proposiciones atómicas. 
 
Junto a un hecho puede estar presente otro, pero no podemos decir que de un hecho se siga necesariamente otro, el vínculo entre dos hechos es contingente, es así pero puede ser de otro modo. Los hechos atómicos son lógicamente independientes: de la existencia de un hecho no se puede deducir lógicamente la existencia de otro.

Los objetos: son los componentes últimos de la realidad, el lenguaje los expresa mediante los nombres. Los objetos que existen y pueden existir y de los que se puede hablar son objetos empíricos, objetos que se ofrecen a la percepción y que estudia la ciencia empírica, la ciencia natural (ni Dios ni el yo del que habla la filosofía o alma son objetos). El objeto no existe más que en un hecho, y no es posible acceder a él de otra manera. " El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas" (1.1.). No podemos conocer directamente a la "nieve" o a lo "blanco"; la "nieve" se percibe a través de hechos como el "ser blanca", o el "ser fría".

Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico” (6.522). Hay varias realidades de las que no se puede hablar: 
 
La estructura lógica del mundo: de ella no se puede hablar pero se muestra en el lenguaje; la lógica está presente en todas las proposiciones, pero no es dicha por ninguna de ellas. En este sentido: «La lógica es trascendental» (Tractatus: § 6.13). 
 
Parte de los objetos tradicionales de la metafísica: el sujeto o yo metafísico, los valores morales y estéticos y lo místico, Dios. Si intentamos expresar estos objetos mediante el lenguaje obtenemos proposiciones sinsentido. Wittgenstein nos dice que el lenguaje y el pensamiento no es el medio adecuado para acceder a ellas, pero no explica cómo se nos hacen presentes.



















Tema Lenguaje y mundo.

La teoría figurativa o pictórica del significado nos dice que nuestro lenguaje y nuestro pensamiento tienen sentido y referencia porque son pinturas, figuras o representaciones de las cosas del mundo. Llamamos “representación” a toda realidad que sustituye, imita o refleja a otra. Un cuadro puede “representar” un paisaje, un mapa las calles de la ciudad, una partitura la música...
Un cuadro, un mapa, una maqueta, una partitura, el lenguaje escrito y nuestro pensamiento son representaciones isomórficas (tienen la misma forma que lo representado), y tienen las siguientes características: son realidades compuestas, constan de elementos; a cada elemento representado corresponde un elemento en la representación; a las relaciones que hay entre los elementos del hecho corresponden relaciones entre los elementos de la representación.
La forma de representación: es el peculiar modo que tiene una figura de representar la realidad: un cuadro representa la realidad de un modo distinto que una escultura. Y en función de la forma de representación la figura podrá expresar o reflejar distintos aspectos de la realidad: las pinturas conseguirán reproducir los colores de la realidad, las maquetas reproducen las dimensiones espaciales. La forma de representación expresa también la posibilidad de que exista lo representado: una figura coloreada expresa la posibilidad de que exista algo coloreado, etc.;
La proposición se define como aquél hecho que aspira a dar una descripción verdadera de la realidad. Esta concepción del lenguaje implica el olvido de otras funciones del lenguaje como la de dar órdenes, perdonar, aconsejar, ... que Wittgenstein analizará en sus escritos posteriores.
Wittgenstein mantiene que una proposición es una representación isomórfica (Bild) de un hecho. Pero podemos preguntar ¿qué rasgos de la realidad imita o reproduce dicha proposición?; no imita los aspectos físicos del hecho, ni tampoco imita los aspectos geométricos de la figura. En la medida en que se trata de una representación isomórfica, deben estar presentes en ella tres condiciones:
Primera condición, ser una representación: la proposición “El círculo está dentro del rectángulo” es un hecho pero, a diferencia de otros hechos que no remiten a nada, tiene la peculiaridad de vincularnos con algo distinto de ella misma, de señalar uno o varios objetos y describir alguno de los rasgos que les pertenecen; como una fotografía remite a la persona retratada, la proposición remite al hecho descrito en ella, es decir, es una representación y tiene una relación figurativa con el hecho al que se refiere.
Segunda condición, tener el mismo número de elementos que la realidad representada: podría parecer que esta representación no cumple dicha condición pues aparentemente tiene más elementos: la oración tiene seis palabras y la cosa representada tiene sólo tres elementos (los objetos rectángulo, círculo y la relación “estar dentro de”). Para solucionar esta dificultad Wittgenstein nos dice que toda proposición tiene elementos esenciales y elementos accidentales; los aspectos esenciales de la proposición son aquellos que se descubren tras un análisis lógico de la misma, los aspectos accidentales son aquellas partes de la proposición que no determinan el significado y dependen de las formas concretas que cada lengua; el pensamiento presente en la oración anterior también se podría expresar con la oración “círculo en rectángulo”, que desde el punto de vista sintáctico no está bien construida pero que sin embargo recoge el significado de la oración. El aspecto sintáctico no coincide con el aspecto lógico de la oración, ocurre frecuentemente que el aspecto sintáctico oculta el aspecto lógico.
    El lenguaje ideal o logicamente perfecto sería aquél que no nos engañase respecto de su forma lógica, aquél en el que cada sentido fuese expresado por una palabra y cada palabra expresase un sentido.
    Tercera condición, ser capaz de reproducir las relaciones entre los elementos de la realidad representada: ¿qué imita la proposición?; ya se ha dicho que no imita los aspectos físicos, ni los espaciales; Wittgenstein nos dice que imita o reproduce los aspectos lógicos de la realidad; hay algo común entre los hechos y las proposiciones y los pensamientos: la forma lógica. El mundo es lógico y nuestro lenguaje y nuestro pensamiento también. La frase “el círculo está dentro del número pi”, leída de un modo no metafórico, no tiene forma lógica pues carece de sentido. Y en realidad no es una proposición, ni propiamente un pensamiento. Que una proposición tenga una forma lógica quiere decir que los sentidos presentes en ella son compatibles, que es posible articularlos de modo que puedan referirse a un hecho. Por esto dice también Wittgenstein que la forma lógica establece la posibilidad de un hecho, aunque no su realidad. No es posible el hecho de estar un círculo dentro del número pi, pero sí es posible que un círculo esté dentro de un rectángulo.
Una proposición puede ser verdadera o falsa, pero para que lo sea primero debe tener sentido, debe tener una forma lógica; es verdadera si existe realmente el hecho que era posible, y falsa si dicho hecho no existe. Una figura representa una situación posible en el espacio lógico. El espacio lógico es el conjunto de hechos lógicamente posibles. Este espacio lógico queda delimitado por las leyes de la lógica. No todo lo que se incluye en el espacio lógico es real.
Hay distintos géneros de formas figurativas (espaciales, materiales, ...) y cada una representa la realidad a su manera, recogiendo también aspectos de la realidad distintos, pero todas las formas figurativas participan de un modo común de representación, la forma lógica “Toda figura es también una figura lógica (pero, al contrario, v. g., no toda figura es espacial)”. Dado que la forma es aquello en lo que coincide la representación y la realidad representada, y que toda representación incluye como forma mínima la forma lógica, Wittgenstein concluye que la forma lógica es también la forma de la realidad. Esto quiere decir que la realidad tiene colores, dimensiones espaciales, formas, pero también una estructura lógica.
Existe una estrecha relación entre el lenguaje y el pensamiento. Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. O dicho de otra forma, los límites de la lógica son los límites del mundo. Los límites del lenguaje coinciden con los límites del pensamiento: todo lo que se puede pensar se puede decir, todo lo que se puede decir se puede pensar. Estas afirmaciones son muy importantes porque se relacionan con el ámbito de cosas que se pueden conocer. El lenguaje describe hechos, las proposiciones son representaciones isomórficas de los hechos, de las cosas que acaecen, y puesto que el pensamiento no puede ir más allá del lenguaje, el pensamiento sólo puede referirse al mundo a los hechos. Este es el punto de vista del empirismo: nuestro pensamiento está dirigido esencialmente al conocimiento de la realidad empírica, todo lo que pueda estar fuera de ella ( Dios, el alma,esencias, ...) son entidades de las que no se puede hablar, de las que no se puede pensar.

Yo soy mi mundo. Es decir, el sujeto pensante no puede ser concebido dentro del mundo –ni puede ser pensado, ni expresado- no existe. Nada en el campo visual permite inferir que es visto por un ojo” (5.633). Por eso, el sujeto es un concepto límite, es un límite del mundo.




















Tema La crítica del lenguaje metafísico.

Los problemas filosóficos son pseudoproblemas:
Los únicos problemas son aquellos que se refieren al mundo empírico, por lo que pueden expresarse con precisión y solucionarse tarde o temprano en el marco de las ciencias empíricas; las cuestiones tratadas por los filósofos (el problema de la realidad exterior, de las relaciones mente-cuerpo,...) no son problemas verdaderos, reales, son consecuencia de confusiones lingüísticas: si hablo de la siguiente forma “la belleza es uno de los anhelos más profundos del hombre”, “en el mundo la lucha entre el bien y el mal es constante”, ... tenderé a pensar que debe existir algo así como “la Belleza”, “el Bien”, “el Mal” como algo distinto a las bellezas concretas, las acciones buenas o malas concretas, y concluiré, como Platón, que existe un mundo fuera de éste en el que se sitúan las entidades citadas. 
 
Los problemas filosóficos son irresolubles, no se pueden solucionar mediante la experiencia, luego son pseudoproblemas; lo único que cabe hacer con ellos es “disolverlos”, mostrar que son meras ilusiones producto de confusiones lingüísticas.
En segundo lugar, las proposiciones filosóficas carecen de sentido. Las únicas proposiciones legítimas son las analíticas o tautologías y las empíricas: en el primer grupo se incluyen proposiciones triviales del tipo “los madrileños son los que han nacido en Madrid”, y también las de la lógica y de la matemática. En el segundo grupo se incluyen los enunciados de la vida corriente del tipo “hoy está nublado” y todos los de las ciencias empíricas.

No existen proposiciones "filosóficas" en la forma en que existen proposiciones "científicas". La filosofía analiza el contenido de las proposiciones de otras disciplinas. Wittgenstein rechaza la idea de un metalenguaje, los enunciados de la filosofía no son metaenunciados, son únicamente pseudoproposiciones, sinsentidos (“unsinnig”). Hace uso de términos carentes de significado; pero emplea también palabras comunes en usos que no son posibles. Utiliza palabras comunes sin reasignarles un significado que convenga a su nuevo contexto de uso. La filosofía, cae en la trampa del lenguaje ordinario y es ciega a la estructura real del pensamiento. Se apega a la gramática natural y no ve la gramática lógica de las palabras. Conduce a absurdos.

Las críticas anteriores a la filosofía tradicional no implican que no pueda existir una forma correcta de hacer filosofía: el “Tractatus” de Wittgenstein es un libro de filosofía.

La filosofía (incluido el “Tractatus”) no puede ampliar nuestro conocimiento sobre la realidad, pues la única realidad es la empírica y de ella solo cabe el conocimiento empírico, el científico. La filosofía puede responder a dos preguntas: ¿qué se puede conocer? y ¿cómo se puede conocer lo que se puede conocer?; la respuesta de Wittgenstein a estas preguntas es la típicamente empirista: se puede conocer el mundo de los hechos o mundo empírico; y se puede conocer como la ciencia natural conoce: mediante el recurso a la experiencia (mediante la percepción).
A estas ideas, que coinciden con las de Hume, se añade la del sentido: el límite de lo que se puede conocer es el límite del sentido, por lo tanto el mundo empírico es el ámbito de la realidad con sentido y el ámbito de lo que se puede pensar y se puede expresar mediante el lenguaje. Wittgenstein resume la única tarea legítima de la filosofía de este modo: “El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría, sino una actividad. Una obra filosófica consiste esencialmente en aclaraciones. “La filosofía debe clarificar y delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, por así decirlo, turbios y borrosos”. (“Tractatus, 4.112). “Debe delimitar lo pensable y con ello lo impensable.” (“Tractatus”, 4.114). “Toda la filosofía es “crítica del lenguaje.” (“Tractatus”, 4.0031). 
 
La actitud de Wittgenstein es diferente a la de los filósofos neopositivistas; no es hostil a los temas de la filosofía. Es una actitud parecida a la kantiana: existen los objetos de la metafísica, pero no se pueden conocer: existe lo místico (Dios), el sujeto metafísico, los valores morales y estéticos pero están más allá de lo que se puede decir. “Sobre lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio.” (“Tractatus”, 7). Aunque lo místico no se puede demostrar ni describir con el lenguaje, existe y se muestra: “Hay, ciertamente, lo inexpresable, lo que se muestra a sí mismo; esto es lo místico” (“Tractatus”, 6.522). A diferencia de Kant, Wittgenstein no establece un vinculo con lo metafísico (para Kant era la conducta moral)
 
La filosofía no se limita a exponer los sinsentidos, sino que es sobre todo la actividad que delimita el sentido del sinsentido. Es ella la que determina lo que, en el ámbito de lo pensable, puede decirse. Tiene entonces un papel crucial en la perspectiva del Tractatus. Plantea las condiciones del discurso sensato y del discurso insensato. Su utilidad más allá de eso no queda clara. La filosofía podría o bien detenerse habiendo realizado la demarcación, o bien continuar en su papel regulador.
En las Investigaciones filosóficas, Wittgenstein sostiene que el significado de las palabras y el sentido de las proposiciones está en su función, su uso en el lenguaje. Preguntar por el significado de una palabra o por el sentido de una proposición equivale a preguntar cómo se usa. Por otra parte, puesto que dichos usos son muchos, el criterio para determinar el uso correcto de una palabra o de una proposición estará determinado por su contexto, que siempre será un reflejo de la forma de vida de los hablantes. Dicho contexto recibe el nombre de juego de lenguaje. Estos juegos de lenguaje no comparten una esencia común sino que mantienen un parecido de familia. Una proposición será absurda si se usa fuera del juego de lenguaje que le es propio.

Una tesis fundamental de las Investigaciones es la imposibilidad del lenguaje privado. Para Wittgenstein, un lenguaje es un conglomerado de juegos, los cuales tienen sus propias reglas. El asunto está en comprender que estas reglas no pueden ser privadas. La razón está en que el único criterio para saber que seguimos correctamente la regla está en el uso habitual de una comunidad: si me pierdo en una isla desierta, y establezco un juego para entretenerme, al día siguiente no puedo estar seguro de si cumplo las mismas reglas que el día anterior, pues bien podría fallarme la memoria o haber enloquecido. Lo mismo ocurre con los juegos de lenguaje: pertenecen a una colectividad y nunca a un individuo sólo.

El significado de la palabra "dolor" es conocido por todos, sin embargo, yo no puedo saber si llamas "dolor" a lo mismo que yo, ya que yo no puedo experimentar tu dolor, sino solamente el mío. Esto lleva a Wittgenstein a comprender que el uso de la palabra "dolor" viene asociado a otra serie de actitudes y comportamientos (quejas, gestos o caras de dolor, etc.) y que sólo en base a ello terminamos por asociar la palabra "dolor" a eso que sentimos privadamente.

Por otro lado, desde esta misma óptica, los llamados "problemas filosóficos" no son en realidad problemas, sino perplejidades. Cuando hacemos filosofía, nos enredamos en un juego de lenguaje cuyas reglas no están determinadas, ya que es la propia filosofía la que pretende establecer esas reglas; es una suerte de círculo vicioso. De ahí que la misión de la filosofía sea, para Wittgenstein, luchar contra el "embrujamiento" de nuestra inteligencia por el lenguaje. Una persona intentando resolver un problema filosófico se parece a un hombre en una habitación de la que quiere salir y no sabe cómo, o a una mosca encerrada en una botella. Wittgenstein ayuda a aquellos que están obsesionados por los problemas filosóficos a que alcancen completa claridad, de forma que desaparezca su inquietud.