domingo, 25 de septiembre de 2016

PLATON LOMCE




Las teorías fundamentales de la filosofía de Platón, analizando la relación entre realidad y conocimiento, la concepción dualista del ser humano y de la estructura social, así, como, la dimensión antropológica y política de la virtud.



La filosofía de Platón y la de su discípulo Aristóteles intentan responder a los problemas planteados por Parménides. La respuesta se va a caracterizar por: identificar la realidad con lo permanente (en lugar de identificarla con lo cambiante, como hace la metafísica de Heráclito o la de Hegel) y en segundo lugar, por identificar la realidad con lo inteligible, más que con lo material o lo sensible.


La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino tratada, desde diferentes aspectos, en varias de sus obras de madurez como "La República", "Fedón" y "Fedro". Platón introduce elementos muy novedosos para la mentalidad griega.

Frente al cambio terrestre que es caótico, los planetas describen órbitas circulares estables. Sitúa por lo tanto el mundo de las Ideas en el cielo y enlazando con la tradición pitagórica, considera que el alma humana ha caído a la Tierra y necesita purificarse para volver al cielo.

Las Ideas tienen las características del ser de Parménides: únicas, inmutables, indivisibles y eternas. Son también las características de los conceptos, aunque para Platón las Ideas no son sólo realidades mentales, son realidades perfectas que existen en el cielo, las cosas terrestres apenas nos permiten imaginar su belleza y perfección.

Platón admite distintos grados de realidad (como puede verse en el pasaje de la línea dividida). El mundo que percibimos por los sentidos y que está lleno de multiplicidad y movimiento es real, pero menos real, que las Ideas que no cambian cuando aparecen o desaparecen los individuos. 

Las Ideas son el modelo de las cosas, las cosas se parecen un poco a las Ideas, pero tienen características opuestas, son múltiples, corruptibles, sometidas al cambio, son una pobre copia de la realidad inteligible. La teoría de las Ideas implica una duplicación ontológica, existen dos mundos con características muy diferentes. Sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento, mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo nos proporcionan opinión.

Platón admite, con Protágoras, que el conocimiento sensible es relativo; pero no admite que sea la única forma de conocimiento. Cree, por el contrario, con Parménides, que hay otra forma de conocimiento propia de la razón. El verdadero conocimiento debe ser universal y necesario, debe tratar sobre el ser, no sobre el devenir o no-ser, y no puede estar sometido a error, debe ser infalible. La ciencia sólo puede versar sobre objetos permanentes. El conocimiento sensible no puede ser el verdadero conocimiento, ya que no cumple ninguna de esas características.

Platón explica el conocimiento por la reminiscencia. Conocer es recordar. La percepción de las cosas sensibles no nos permite captar las Ideas. Las Ideas solo pueden ser conocidas por contemplación directa en el Mundo inteligible. El alma humana ha estado en este Mundo y ha contemplado las Ideas, pero las ha olvidado al encarnarse en un cuerpo. Recuperar este conocimiento es un proceso largo que empieza al contemplar la belleza de este mundo, pero sólo las matemáticas y la dialéctica permiten conocer las Ideas.

Platón distingue cuatro grados de conocimiento, que están descritos en el mito de la caverna. El conocimiento del mundo sensible sólo proporciona opinión, Platón distingue la imaginación y la creencia. Se corresponden con la visión de las sombras y con la visión de los porteadores y el fuego en el interior de la caverna.

El conocimiento del mundo inteligible proporciona ciencia, la matemática y la dialéctica son las ciencias fundamentales. Se corresponden con el conocimiento paulatino del mundo exterior, primero mirando reflejos y luego a las cosas directamente, hasta mirar directamente al sol.

Las matemáticas nos ayudan a pasar del conocimiento sensible al inteligible. Usan representaciones de las Ideas, por ejemplo el dibujo de un triángulo, pero piensan en la Idea de triángulo, en el triángulo perfecto.

Con la dialéctica ascendente podemos llegar a conocer la Idea de Bien, usando solamente las Ideas llegamos al principio de todo. La Idea de Bien es la causa del ser y el conocimiento en el mundo de las Ideas, y en el mundo sensible es la causa del Sol y de la luz.

Además existe una dialéctica descendente que permite conocer la jerarquía y relaciones entre las Ideas. La Idea de Bien es la idea suprema, tal como nos lo presenta Platón en la "República", aunque en otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en el "Parménides"), la Belleza, (en el "Banquete"), o el Ser, (en el "Sofista"), que representan el máximo grado de realidad, siendo la causa de todo lo que existe. A continuación vendrían las Ideas de los objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas. Platón intenta también establecer una cierta comunicación entre las Ideas y, según Aristóteles, terminó por identificar las Ideas con números, identificación de la que sí tenemos constancia que realizaron los continuadores de la actividad platónica en la Academia.

Las Ideas no sólo constituyen ese mundo perfecto, son el modelo que nos permite llevar una vida recta en lo privado y lo público, son esenciales para la ética y para la política, para dirigir nuestra conducta y la sociedad.

Platón siguiendo a Sócrates quiere fundar la virtud en el saber. Para ser justo es necesario conocer qué es la justicia. Frente al relativismo moral de los sofistas, Platón reclama la existencia de una Idea eterna e inmutable de justicia o de cualquier otra virtud.


Platón introduce, influido por los pitagóricos, la idea de alma inmortal, que es novedosa en la cultura griega. El alma es preexistente al cuerpo e inmortal y tiene como lugar natural el mundo suprasensible de las ideas. El cuerpo es la cárcel del alma, constituye un estorbo para el alma, pues las pasiones, la arrastran impidiéndole la contemplación de las Ideas. El cuerpo pertenece al mundo sensible, y es por tanto imperfecto, sus conocimientos son meras sombras de la verdadera realidad que no se capta con los sentidos.

El alma es como un carro formado por un par de caballos alados y su auriga. En el caso de los dioses, los dos caballos son buenos y de buena raza. Las almas de los hombres, por la dificultad de conducir el carro (uno de los dos caballos es díscolo), difícilmente logran seguir a las de los dioses. Puede perder las alas y caer a tierra, donde queda encerrada en un cuerpo, que parecerá moverse a si mismo. Además olvida lo que ha visto en el mundo de las Ideas. Al contemplar las cosas bellas vuelve a recordarlas. El conocimiento sensible sirve de ocasión para el recuerdo.


Las tres partes del alma, racional, irascible y apetitiva, se corresponden con las clases sociales de la polis: los filósofos, que gobiernan; los guerreros, que defienden a la sociedad, y los artesanos, que trabajan. Igual que el alma individual debe guiarse por la razón, el cuerpo social debe dejarse guiar por aquellos en quienes prima la razón, los filósofos. Cuando cada uno de estos estamentos realiza la tarea que le corresponde, se alcanza la justicia, que es la culminación de las demás virtudes. Cada parte desempeña su papel separadamente, pero buscando el interés común. Así se evitará la decadencia de la sociedad.

El mayor problema es cómo enseñar estos conocimientos. El proceso educativo completo lleva media vida, y no todos están preparados para recibirlo.


Distingue las respuestas de la corriente presocrática en relación al origen del Cosmos, los conceptos fundamentales de la dialéctica de Sócrates, su intelectualismo moral y el convencionalismo democrático de los Sofistas, su relativismo moral, identificando los problemas de la Filosofía Antigua y relacionándolos con las soluciones aportadas por Platón.


La sociedad aristocrática, basada en la agricultura y la guerra, había entrado en crisis al desarrollarse el comercio. A finales del siglo VI aC, en ciudades como Mileto y Efeso surgió la filosofía. Eran centros comerciales y culturales y además existía libertad intelectual, pues no había una casta sacerdotal que velara por su doctrina.

Los primeros filósofos fueron al mismo tiempo los primeros científicos. Su preocupación fundamental era explicar la naturaleza desde la naturaleza, sin recurrir a elementos fantásticos. Para ello buscaron los elementos fundamentales, unos propusieron que era el agua, el fuego, el aire o lo indeterminado.

Los Presocráticos pronto comprendieron que los datos de los sentidos no eran suficientes para explicar los cambios naturales.

Parménides afirma que el movimiento es imposible, pues el cambio es el paso del ser al no ser o la inversa, del no ser al ser. Esto es inaceptable, ya que el no ser no existe y nada puede surgir de él. El cambio, el tiempo, la pluralidad y el vacío son considerados ilusorios. Así se introduce la distinción entre verdad y apariencia, verdad y opinión, y se otorga primacía a la razón sobre los sentidos. Afirma que este mundo no es, los sentidos nos engañan: nos muestran un mundo en cambio constante. A partir de este momento es necesario explicar cómo siendo el Ser inmutable, la realidad es múltiple y cambiante.


PLURALISTAS

A partir de este momento los filósofos deben explicar cómo siendo el Ser inmutable, la realidad es múltiple y cambiante. Platón lo resuelve con la dualidad de mundos.

Empédocles postula la existencia de cuatro elementos (fuego, tierra, aire, agua) cada uno de ellos con las características de permanencia e inmutabilidad del ser, y la existencia de dos fuerzas cósmicas (Amor, Odio) que actuarán como causa de la combinación o disociación de los elementos.

Anaxágoras también se enfrentará al problema de explicar el cambio admitiendo la permanencia del ser. El ser no puede generarse ni corromperse; no puede haber propiamente hablando nacimiento ni destrucción, sino simplemente mezcla o separación de las cosas que existen. En lugar de cuatro elementos afirmará la existencia de un número infinito de ellos, cada uno poseyendo las características del ser parmenídeo es decir, eternidad e inmutabilidad. La mezcla de estas semillas es lo que constituye los objetos de la experiencia; cuando en un objeto predomina un tipo determinado de semillas le atribuimos al objeto la propiedad de las partículas predominantes, ya que, en los objetos de la experiencia, "hay partículas de todas las cosas".

El movimiento de las partículas o semillas estaría sometido al Nous o inteligencia; sin embargo, el papel de la inteligencia queda reducido al de causa inicial del movimiento que, una vez producido, sigue actuando por sí mismo sometido a causas exclusivamente mecánicas. Las partículas son sometidas por el Nous a un movimiento de torbellino que será la causa de la constitución de todas las cosas tal como nosotros los conocemos.

Según Demócrito todos los cuerpos del universo son compuestos de dos elementos: unos indivisibles, simples e inmutables que se mueven azarosamente, los átomos y el elemento que los delimita y permite sus movimientos: el vacío. La diversidad de seres se explica por la diversidad de átomos: varían sus tamaños, formas y pesos.

Platón y Aristóteles rechazaron el atomismo. Por un lado el conocimiento de la naturaleza resultaba imposible, no es posible calcular las trayectorias y colisiones de infinitos átomos moviéndose en el vacío. De otra parte el Universo es el producto imprevisible de estas colisiones, el orden proviene inexplicablemente del desorden, del azar. No existe una Inteligencia que de orden a la materia ni finalidad alguna que permita comprender los procesos naturales.

Platón por influencia de Sócrates sabe que los conceptos tienen una realidad objetiva, es posible definirlos, y por influencia pitagórica sabe que las matemáticas (geometría) son también conocimiento. Propondrá dos ciencias pues se trata de realidades diferentes.

SÓCRATES

Sócrates desarrolla un método práctico basado en el diálogo, en la conversación, constaba de dos fases: la ironía y la mayéutica
En la primera fase el objetivo fundamental es, a través del análisis práctico de definiciones concretas, reconocer nuestra ignorancia, nuestro desconocimiento de la definición que estamos buscando. Sólo reconocida nuestra ignorancia estamos en condiciones de buscar la verdad. La segunda fase consistiría propiamente en la búsqueda de esa verdad, de esa definición universal, ese modelo de referencia para todos nuestros juicios morales. 
Lo cierto es que en los diálogos socráticos de Platón no se llega nunca a alcanzar esa definición universal, por lo que es posible que la dialéctica socrática hubiera podido ser vista por algunos como algo irritante, desconcertante o incluso humillante para aquellos cuya ignorancia quedaba de manifiesto, sin llegar realmente a alcanzar esa presunta definición universal que se buscaba.

Sócrates no escribió nada, pues creía que la escritura no era apropiada para la transmisión de la verdad. Su método de investigación y de enseñanza era el diálogo.

Todo parece indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel conocimiento que sirviera para vivir. En este sentido es llamada la ética socrática "intelectualista": si conociéramos el bien, actuaríamos honestamente y seríamos felices; las malas acciones son fruto de la ignorancia.


LOS SOFISTAS

La democracia ateniense era directa o asamblearia, no se nombraban representantes, todos los ciudadanos atenienses varones gobernaban. El ciudadano es el que tiene derecho a participar en la Asamblea, el que puede hablar en el foro público. Los ciudadanos siempre fueron una pequeña minoría (aproximadamente una séptima parte de la población).

Los sofistas eran viajeros metecos, extranjeros,que no podían participar en la política ateniense. Eran buenos oradores y se dedicaban a enseñar oratoria a cambio de dinero.

Los sofistas se oponían a la religión,cuyo origen y desarrollo explicaban racionalmente. Sometieron a una crítica racional la descripción que los poetas habían hecho de la divinidad. Rechazaban el antropomorfismo, a los dioses se les representaba con cuerpos humanos muy bellos, y las actitudes moralmente reprochables de los dioses, sentían las mismas inclinaciones que los humanos.

Según la tradición religiosa los hombres ocupaban posiciones sociales diferentes por voluntad de los dioses. Los nobles poseían la capacidad de gobernar. Los sofistas afirmaban que todos podían adquirir capacidad política. Las leyes no se derivan de la naturaleza ni de la voluntad de los dioses, son sólo convenciones humanas. Los tradicionalistas acabaron considerándolos como corruptores de la juventud y culpables de la decadencia de Atenas.


Se oponían también al dogmatismo filosófico. No aceptaban la distinción entre lo que las cosas son y lo que aparentan ser. No hay más realidad que las apariencias. La verdad o falsedad no pueden existir como absolutos, estamos sometidos a la relatividad de la sensación. Si prescindimos de la sensación, prescindimos del conocimiento. Lo que me parece frío, es frío, según Protágoras, aunque a otro le pueda parecer caliente: y para él será caliente. 

“El hombre es la medida de todas las cosas”. 
Toda afirmación es reducida a opinión, toda afirmación puede ser anulada por su opuesta.


Respeta el esfuerzo de la filosofía de Platón por contribuir al desarrollo de las ideas y a los cambios sociales de la Grecia Antigua, valorando positivamente el diálogo como método filosófico, el nacimiento de las utopías sociales, el sentido del gobernante-filósofo o su defensa de la inclusión de las mujeres en la educación.


Platón en las obras que publicó utilizó el diálogo, pues mediante preguntas y respuestas, matizando ciertas opiniones y rechazando otras, se va conduciendo la investigación hasta el descubrimiento de la verdad; el diálogo constituye una especie de concurso intelectual que pone de manifiesto el esfuerzo lento y fatigoso que requiere el conocimiento.

Casi todos los personajes que Platón hace intervenir en sus diálogos son reales, aunque frecuentemente se recurre a situaciones anacrónicas al colocar a muchos interlocutores en tiempos distintos a los que en realidad existieron. El protagonista principal en la mayoría de ellos es Sócrates, que, mediante una ingenuidad fingida (ironía socrática), va refutando las posiciones de sus interlocutores, frecuéntemente sofistas. La mayoría de los diálogos comienzan analizando una cuestión; a continuación, se desarrolla un proceso negativo o refutación, mediante el cual se eliminan los errores y, por último, tiene lugar el proceso mayéutico, que se dirige al descubrimiento de la verdad.

Sócrates no escribió nada, pues creía que la escritura no era apropiada para la transmisión de la verdad. Sabemos que su método de investigación y de enseñanza era el diálogo. Platón será fiel en gran medida a su maestro y también considerará que la verdad se muestra en el intercambio de ideas entre diversos interlocutores. En el Fedro critica la escritura pues producirá el olvido, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, se llegará al recuerdo desde fuera, no desde dentro, desde uno mismo. Proporciona apariencia de sabiduría, porque habiendo oído muchas cosas sin comprenderlas, parecerá que se tienen muchos conocimientos. Crea eruditos que no entienden lo que saben.


La guerra del Peloponeso, acabó con la rendición de Atenas, la destrucción de sus murallas y la liquidación de su imperio y de su flota. La infancia y juventud de Platón coincidió con este período. Se instauró además la dictadura de los treinta tiranos que duró un año. Su gobierno se basó en el terror y en la eliminación de sus adversarios políticos. Los atenienses se revelaron y Esparta no pudo impedir el restablecimiento de la democracia, que duraría un siglo.

Es al inicio de este período democrático cuando se juzga y condena a Sócrates. Lo que indignó a Platón, abandonó la idea de participar en la política de Atenas y se dedicó al estudio de la filosofía.

Platón en la carta VII explica que tenía mucho interés en la política, pero llegó a la conclusión de que todos los Estados estaban mal gobernados y necesitaban profundas reformas legislativas. Sólo pueden ser buenos gobernantes los filósofos, que conocen lo que es la justicia, o los gobernantes que se conviertan en filósofos.

Lo malo de los estados existentes es que la educación ha sido equivocada. El Estado no puede dejar que cada hombre consiga para sus hijos la educación que le parezca bien o que encuentre en el mercado. Platón establece un sistema de educación obligatoria bajo el control del Estado.

Para Platón la educación consiste en orientar la inteligencia hacia el verdadero objeto de conocimiento que es la comprensión de la idea de Bien. No se trata de memorizar discursos o artimañas retóricas para triunfar en las discusiones, como hacían los sofistas. Para despertar la inteligencia es necesario desarrollar las virtudes y controlar los deseos irracionales. Platón busca mediante la educación liberar al alma respecto del cuerpo.

Con el crecimiento de la polis se hace necesaria la división del trabajo, surge una nueva clase social, dedicada al mantenimiento del orden social y a la defensa del territorio frente a agresiones exteriores. Este grupo lo constituyen los guardianes. Los guardianes serán escogidos de entre aquellos ciudadanos que posean las aptitudes adecuadas (fuerza, valentía, amor a la verdad) y deberán de ser educados cuidadosamente. Las tareas de gobierno las realizaran los mejores guardianes. Así queda establecida una diferencia entre auxiliares, ejército y gobernantes, guardias perfectos.

Las tres partes del alma, racional, irascible y apetitiva, se corresponden con las clases sociales de la polis: los filósofos, que gobiernan; los guerreros, que defienden a la sociedad, y losartesanos, que trabajan. Igual que el alma individual debe guiarse por la razón, el cuerpo social debe dejarse guiar por aquellos en quienes prima la razón, los filósofos. Cuando cada uno de estos estamentos realiza la tarea que le corresponde, se alcanza la justicia, que es la culminación de las demás virtudes. Cada parte desempeña su papel separadamente, pero buscando el interés común. Así se evitará la decadencia de la sociedad.

El comunismo platónico completa el proceso educativo. Se basa en la prohibición de la propiedad privada, tanto de casas como de tierras o de dinero a los guardianes, deben vivir en cuarteles y tener sus comidas en una mesa común. Además se eliminan las relaciones sexuales monógamas permanentes. La procreación será regulada por los gobernantes, con el fin de conseguir la mejor descendencia posible. El Estado educa en común a los niños. 

Las mujeres pueden, en la sociedad de los guardianes, tener idéntico papel en las actividades públicas que los hombres, recibiendo para ello la misma educación. Lo mismo ocurría en las sectas pitagóricas, pero es un hecho sorprendente en el mundo antiguo.

Estas ideas resultaban muy novedosas en una sociedad basada en la economía doméstica. Este rasgo da a la República su carácter utópico. Sin embargo, el comunismo se aplica sólo a la clase de los guardianes, los artesanos pueden tener propiedades y familia.

En el Libro VI de La República, Platón habla de la gran paradoja que supone que el Estado perfecto debe ser constituido por el sabio perfecto, y éste, a su vez, no puede serlo más que en el Estado perfecto. Hay que contar pues, con que aparezca un rey-filósofo para llevar a cabo el proyecto. Platón creyó haberlo encontrado en Siracusa pero no tuvo éxito. La otra alternativa es formar filósofos para que influyan en las decisiones de la ciudad, esto lo intentó con la Academia, que tampoco pudo influir en el destino de Atenas.







viernes, 31 de octubre de 2014

CONTEXTUALIZACION FILOSOFICA DE SAN AGUSTIN





AGUSTIN 4.2



El neoplatonismo es una sistematización de la filosofía y de ideas religiosas orientales, se utilizó para revitalizar el politeísmo y frenar la propagación del cristianismo. Muchos filósofos neoplatónicos escribieron libros contra los cristianos. El mundo intelectual intentó demostrar que el paganismo no estaba acabado. Invocando la autoridad de Platón, a quien los cristianos reverenciaban, pretendían mantener a los dioses y los ritos paganos.

En los escritos de Plotino, san Agustín descubrió algo fundamental para la historia del pensamiento occidental: Dios y el alma son realidades inmateriales. Casi todos los filósofos antiguos habían sido materialistas. La conversión filosófica de Agustín al neoplatonismo introduce definitivamente el inmaterialismo en la filosofía posterior. El neoplatonismo permitirá a san Agustín explicar la existencia del mal sin recurrir al dualismo maniqueo. Las cosas ni son absolutamente ni no son absolutamente. Existen porque tienen el ser de Dios, no son absolutamente porque no son lo que es Dios. Las cosas tienen un grado de bondad, pero son corruptibles. Todo lo que existe es bueno, el mal no es una sustancia, sino una privación del bien.

En el neoplatonismo aparece una forma de trinidad divina. El Uno es absolutamente transcendente: está «más allá del ser y la substancia») y, por tanto, «más allá de la mente y la ciencia»: es inefable e incomprensible. El modo como todo procede del Uno es una emanación que deja al Uno inalterado. La emanación no es propiamente «creación» (en el sentido cristiano). A partir del Uno por emanación surge el Nous (Inteligencia), que conoce al Uno y a sí mismo y a todas las cosas, pero no en una idea, sino en multiplicidad de ideas. En el Nous se encuentran las Ideas platónicas y equivale al mundo inteligible. Del Nous emana el Alma del mundo, que no conoce al Uno, y de la que proceden todas las almas y formas de los seres sensibles. Ella anima el alma de todo lo viviente y así gobierna todo, como Providencia que origina un cosmos armónico y bello.

El hombre, como alma en un cuerpo, es el centro del cosmos. Y es en él como se inicia el proceso de retorno al Uno. Se trata de que el hombre entre dentro de sí mismo, vuelva a la interioridad: «El sabio saca de sí mismo lo que revela a los demás y mira hacia si mismo, pues no sólo tiende a unificarse y aislarse de las cosas externas, sino que está vuelto hacia si mismo y encuentra en si todas las cosas».

San Agustín es el representante más importante de la patrística, que se extiende desde el cristianismo primitivo hasta el siglo VIII. 
La patrística usó la filosofía para esclarecer la fe, fijando el dogma en la lucha contra las herejías, y para justificar la fe en un mundo hostil. San Agustín es una figura central en ambos aspectos, su influencia es extraordinaria durante toda la Edad Media. Su obra supone la primera gran síntesis entre el cristianismo y la filosofía platónica.

El agustinismo es un conjunto de doctrinas filosóficas y teológicas inspiradas en san Agustín. Algunos de sus temas más característicos son cuestiones religiosas, como la disputa sobre la gracia y la predestinación. Quizá la característica más importante del agustinismo sea la preeminencia de la fe sobre la razón, que influye en toda la filosofía medieval.


Su inspiración neoplatónica entró en colisión y disputa con el aristotelismo que se difundió en el s. XIII. La teoría de la iluminación interior se opuso a la teoría de la abstracción, defendida por Tomás de Aquino.

La doctrina de las dos ciudades dio origen al agustinismo político. El agustinismo político torciendo el sentido de la enseñanza agustiniana, impondrá al Estado el deber de subordinarse a los fines de la Iglesia. La doctrina de las dos espadas, establece la separación de poderes entre la esfera temporal y la  espiritual y la superioridad de la potestad espiritual del Papa sobre la temporal del emperador.
La filosofía de la historia de san Agustín dió lugar a una visión lineal de la historia que derivó en la Edad Moderna a la idea de progreso.













lunes, 26 de noviembre de 2012

ARISTOTELES TEMAS





Virtudes morales y virtudes intelectuales.







Virtud y felicidad.

ARISTOTELES NOCIONES



(en elaboración)

LO NECESARIO Y LA CIENCIA

Aristóteles piensa que no hay ciencia sino de lo universal y necesario. La ciencia explica la realidad deduciendo lo particular de lo universal (que es su causa). El silogismo es la estructura formal que permite realizar esa conexión. El silogismo muestra cómo lo particular se subsume en lo universal. La lógica es el instrumento de la ciencia.

En función de esta teoría del conocimiento, Aristóteles distingue varios tipos de conocimiento:
1. Experiencia (empiréia): Conocimiento de cosas concretas, materiales, pero sin preguntarse el porqué de las cosas.
2. Ciencia (episteme): El conocimiento de las causas y principios de las cosas, la captación de la esencia del ser y de sus principios indemostrables.
3. Inteligencia (noûs): Es el conocimiento de los primeros principios, indemostrables e imposibles de obtener a través de la experiencia. De ellos sólo se tiene intuición.


Según el carácter de universalidad y necesidad aristóteles elabora una clasificación de las ciencias

Ciencias de lo necesario (teóricas o contemplativas)
matemáticas : tiene por objeto el estudio de la cantidad
filosofía natural (física): estudio sobre la naturaleza (lo que tiene en sí un principio de movimiento o reposo)
filosofía primera (metafísica): de la primera causa del movimiento (teología) y del ser en tanto ser (ontología )
lógica : las formas validas de razonamiento ( silogística )

Conocimiento de lo posible , que tratan de aquel tipo de objetos que pueden darse o no, que son solo posibles:
ciencias prácticas : la conducta humana ( ética y política )
ciencias poéticas : lo relacionado con la producción (poesía, gramática, retórica, arquitectura, medicina …)





LA PRODUCCION Y LA ACCION

Técnica o arte (tékhne) (Poética, retórica, dialéctica, medicina, música, gimnástica, etcétera ) es el saber que tiene como fin la producción de algo, ese tipo de acción en griego se llama poíesis. La poíesis es aquella acción en que cabe distinguir la acción misma y su objeto: como la estatua se distingue del hecho de esculpirla. La tékhne es una saber superior a la mera experiencia, porque mientras por experiencia se sabe de un número concreto de casos, por tékhne se sabe de todos los casos de un mismo fenómeno. El empírico sabe que Fulano está enfermo y que suministrándole tal fármaco se curará, mientras que quien posee la técnica de la medicina sabe por qué se cura.

El saber práctico remite a la capacidad de ordenar racionalmente la conducta, tanto pública como privada. Se pueden distinguir tres ciencias prácticas. La ética o gobierno de uno mismo, economía o gobierno de la casa, de la familia y la política o gobierno de la polis
Por naturaleza el hombre tiende a buscar el bien, por lo que bastaría conocerlo para obrar correctamente; el problema es que el hombre desconoce el bien, y toma por bueno lo que le parece bueno. Para Aristóteles no es posible afirmar la existencia del "bien en sí", como hacía Platón, de un único tipo de bien: habrá muchos tipos de bienes.
Hay tres aspectos fundamentales en la conducta: la volición, la deliberación y la decisión. Es decir, queremos algo, deliberamos sobre la mejor manera de conseguirlo y tomamos una decisión acerca de la acción que vamos a realizar. Dado que Aristóteles entiende que la voluntad está naturalmente orientada hacia el bien, la deliberación no versa sobre lo que queremos, sobre la volición, sino solamente sobre los medios para conseguirlo; la naturaleza de cada sustancia tiende hacia determinados fines que le son propios.





PRUDENCIA Y MODERACION

Las funciones de la parte racional son la función productiva, la función práctica y la función contemplativa o teórica. A cada una de ellas le corresponderá una virtud (dianoética) propia. El conocimiento o dominio de un arte significa la realización de la función productiva.
A la función práctica, la actividad del pensamiento que reflexiona sobre la vida ética y política del hombre tratando de dirigirla, le corresponde la virtud de la prudencia. Mediante ella estamos en condiciones de elegir las reglas correctas de comportamiento. No es una ciencia, la ciencia trata de lo universal, mientras que la prudencia siempre lo es de lo particular. La prudencia es el resultado de una larga experiencia de lo particular. Por eso los jóvenes carecen de experiencia y necesitan seguir los consejos de algún varón prudente y experimentado La prudencia es una virtud fundamental de la vida ética del hombre, sin la cual difícilmente podremos adquirir las virtudes éticas. La prudencia ocupa un lugar intermedio entre el saber productivo y la ciencia.

La moderación es para Aristóteles algo que salvaguarda la prudencia, porque un hombre que no contenga los placeres (que no sea moderado), se encontrará cegado a la hora de deliberar acerca de lo bueno, labor que corresponde a la prudencia. La moderación, por tanto, preserva a la prudencia de la perturbación que el placer y el dolor ocasionan en los juicios referidos a la actuación. Las virtudes morales se rigen por la pauta ética del “justo medio”:la virtud está en el término medio entre dos extremos deficientes, uno por exceso y otro por defecto. Por tanto, la moderación será lo que permita al ser humano alcanzar el resto de las virtudes. En resumen, la prudencia y moderación constituyen dos caras (una del plano de las virtudes morales y otra del plano de las virtudes intelectuales prácticas respectivamente) para el dominio de los impulsos del deseo irracional del ser humano, situados en el alma sensitiva que, si bien no es racional, sí“escucha” los dictados de la razón y puede ser guiada por ella a través de la costumbre. La obra del hombre, afirma Aristóteles, se lleva a cabo por la prudencia y la virtud moral, porque la virtud hace que el fin propuesto sea recto,y la prudencia hace rectos los medios para este fin. Así, sobre todo la virtud moral de la moderación, hace recto el fin que se propone el hombre en su acción, mientras que la prudencia se ocupa de los medios.


viernes, 16 de noviembre de 2012

ARISTOTELES CONTEXTUALIZACION







CONTEXTUALIZACION 4.1

 
 

Aristóteles ha pasado a la historia, entre otros cosas, como el padre de la lógica. De hecho, sus propuestas en este campo, junto a las aportaciones de los estoicos, han constituido prácticamente toda la lógica hasta el siglo XIX. Sus escritos sobre lógica, fueron reunidos en la época bizantina bajo el título de Organon ( en griego significa "instrumento"). Este término manifiesta el propósito aristotélico de exponer los instrumentos de cualquier quehacer científico.

Aristóteles distinguió tres operaciones fundamentales en el conocimiento humano: la simple aprehensión, en la que captamos la naturaleza o esencia de las cosas y formulamos los conceptos; el juicio, que relaciona los conceptos entre sí; y el raciocinio, que nos permite avanzar en el conocimiento ya que a partir de una serie de juicios conocidas inferimos otras hasta entonces ignoradas. Estas tres operaciones mentales marcan el contenido de los diversos tratados de la lógica aristotélica.
 
El tratado primero, las Categorías, se ocupa de las palabras o términos en cuanto son expresión de los conceptos. Las palabras expresan los distintos modos de ser (las categorías o géneros supremos) a los que se reduce toda la realidad.

El segundo tratado, Sobre la interpretación, está dedicado al juicio. El juicio, cuya expresión lógica es la proposición, es el acto con el que afirmamos o negamos un concepto de otro concepto. Los conceptos, en sí mismos, no pueden ser verdaderos o falsos. En cambio, la proposición sí que es susceptible de verdad o falsedad en función de si lo unido o separado por la inteligencia está unido o separado en la realidad.

Los Primeros Analíticos constituyen el tercer tratado, en el que se estudia la vinculación de proposiciones o estructura del razonamiento: el silogismo. Analiza la estructura silogística común a todos los razonamientos formalmente válidos. 

. Aristóteles también examina los requisitos para que un razonamiento, además de formalmente correcto, sea verdadero. Este análisis lo realiza, fundamentalmente, en los Segundos Analíticos, donde se ocupa de la demostración y sus tipos, así como de la inducción como método de llegar a los primeros principios de la ciencia: Un silogismo correcto sólo llega a la verdad si las premisas son verdaderas. Para demostrar la verdad de las premisas se puede recurrir a otro silogismo, pero dado que este proceso no puede continuarse hasta el infinito, es necesario que existan algunos principios supremos evidentes por sí mismos, que no necesitan demostración. 

En los Tópicos, el quinto de los tratados, Aristóteles se ocupa del examen del silogismo dialéctico, cuyas premisas son sólo probables. Su análisis se orienta básicamente al contenido, y no a los aspectos formales y dialécticos, ofrece una enumeración de todos los procedimientos que permiten convencer sin preocuparse del valor de verdad del discurso. 

Finalmente, las Refutaciones sofísticas es un tratado dirigido contra los sofistas, en el que se ocupa de los razonamientos viciosos.

Para Aristóteles el universo constituye un mundo ordenado (cosmos), eterno en el tiempo (no ha tenido un principio temporal), finito, simétrico y esférico. Está constituido por dos mundos distintos: el sublunar o de los cuatro elementos y el supralunar o de las esferas celestes. El movimiento es común a todas las sustancias del universo, aunque de distinto modo:
las sustancias de este mundo sublunar tienen movimiento local y de generación y corrupción; las celestes, increadas, tienen movimiento circular, continuo y eterno. El mundo sublunar (de la luna a la tierra): está formado por la tierra, de forma esférica y que se halla en reposo en el centro. A su alrededor se superponen la esfera del agua, del aire y del fuego. Estos cuatro elementos (tomados de la física de su tiempo, en concreto de Empédocles) constituyen la base material de los cuerpos sujetos a nacimiento y corrupción. Los elementos tierra y agua tienden por naturaleza hacia el centro; en cambio, el aire y el fuego tienden a apartarse de él.

El mundo supralunar contiene los astros, cuya naturaleza es incorruptible y tienen un movimiento circular. Están compuestos de un quinto elemento, distinto y superior, denominado "éter" que, al contacto con el aire, produce cierta incandescencia. El mundo celeste o supralunar está formado por esferas concéntricas en continuo movimiento, en un orden armonioso. En el centro está la Tierra que se halla circundada por 56 esferas concéntricas que giran uniformemente alrededor del propio eje. Este número fue calculado con arreglo a las concepciones astronómicas de su tiempo. La primera de todas las esferas, la más externa, es la denominada "esfera de las estrellas fijas" que es animada directamente por el Primer Motor, Dios, el motor inmóvil, que mueve a modo de causa final.


En zoología Aristóteles propuso un conjunto fijo de tipos naturales (especies), que se reproducen de forma fiel a su clase. Aristóteles pensó que la excepción a esta regla la constituía la aparición "por generación espontánea" de algunas moscas y gusanos "muy inferiores" a partir de fruta en descomposición o estiércol. Las especies forman una escala que comprende desde lo simple (con gusanos y moscas en el plano inferior) hasta lo complejo (con los seres humanos en el plano más alto), aunque la evolución no es posible.


La imagen aristotélica del cosmos se derrumbó con el desarrollo de la ciencia moderna en el Renacimiento.






CONTEXTUALIZACION 4.2


EPICURO (341- 270 a.C.),


Al poco de morir Aristóteles comienza la
época helenística, período de gran inestabilidad política y social y de gran angustia personal. Tras la muerte de Alejandro Magno (323 a. C.) su Imperio se divide entre sus generales, que se convierten en monarcas absolutos. La polis pierde su importancia y la gente empieza a sentirse como una minúscula parte de un gran imperio, esto lleva a nuevas formas de entender el mundo. Para los griegos la participación activa en el gobierno era una dimensión esencial de la vida, cuando las  polis perdieron su independencia, para muchos griegos el sentido de su vida quedó mutilado. Florecen una serie de escuelas filosóficas (estoicismo, epicureismo y escepticismo) que se caracterizan por su mayor interés en los problemas éticos y antropológicos.

La libertad social y política será sustituida por la libertad individual de la persona que se basta a sí misma. Epicuro es en esto radical, el hombre sabio no interviene en política, no se esforzará en dominar el arte de la retórica ni querrá ser rey. La comunidad de amigos sustituye a la comunidad política. En cambio el sabio estoico actúa en política, pero su auténtica libertad es personal e interior.

La finalidad de la filosofía de Epicuro no era teórica, sino eminentemente práctica, procurar el sosiego necesario para una vida feliz y placentera en la que los temores al destino, los dioses o la muerte quedaran eliminados. Para ello se apoyó en una teoría del conocimiento empirista, en una física atomista y en una ética hedonista.

Epicuro elaboró una física  en clara deuda con el atomismo de Demócrito. Todos los cuerpos del universo de los que tenemos conocimiento son compuestos de dos elementos: unos indivisibles, simples e inmutables que se mueven azarosamente, los átomos y el elemento que los delimita y permite sus movimientos: el vacío. La diversidad de seres se explica por la diversidad de átomos: varían sus tamaños, formas y pesos. Esta última característica origina que sus movimientos naturales sean "hacia abajo".
 
Para explicar que se hayan creado los cuerpos como agregados de átomos con movimientos rectilíneos hacia abajo, Epicuro introduce un elemento de indeterminación. Debido a su peso los átomos se desvían de su curso, chocando y entrelazándose unos con otros hasta formar un compuesto aparentemente estable. Esta "desviación" es accidental, lo que apoya su tesis de que la naturaleza no se rige por leyes necesarias, y que no existe el destino. El universo no posee finalidad alguna, siendo todo fruto del azar.

Platón y Aristóteles rechazaron el atomismo. Por un lado el conocimiento de la naturaleza resultaba imposible, no es posible calcular las trayectorias y colisiones de infinitos átomos moviéndose en el vacío. De otra parte el Universo es el producto imprevisible de estas colisiones, el orden proviene inexplicablemente del desorden, del azar. No existe una Inteligencia que de orden a la materia ni finalidad alguna que permita comprender los procesos naturales.

No era ateo. Aceptaba la existencia de los dioses por ser una creencia universal. La generalización de esta creencia proviene de efluvios atómicos que emanan de los dioses mismos y que penetran, no en nuestros órganos, sino directamente en nuestra mente por su mayor sutilidad. Mas esto no implica que los dioses actúen sobre el mundo natural y humano. Al contrario, los dioses son absolutamente indiferentes y están libres de toda pasión. Nada de este mundo les incumbe y por lo tanto, tampoco deben ser de incumbencia humana. Dios es perfecto y está siempre en paz y no puede enojarse con nadie o por nada, porque el disgustarse es propio de un ser imperfecto. De igual manera, no necesita ni desea nada de nadie, ya que si Él necesitase o desease algo, no sería Dios sino un ser infeliz e imperfecto.

El hecho de morir tampoco debe causarnos desasosiego. El alma no existe ni podrá subsistir independientemente del cuerpo porque es un conjunto de átomos ínfimos distribuidos a través de todo el organismo. La muerte es el cese de esa unión, por lo que es imposible su inmortalidad o la reencarnación. “La muerte no es nada para nosotros: cuando existimos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, entonces ya no existimos”

El máximo bien que un hombre puede alcanzar es la
felicidad , ésta se identifica con el placer, entendido como la total ausencia de dolor. Ha de hacerse un sabio cálculo entre las ventajas y desventajas para conseguir un máximo de placer y un mínimo de dolor, utilizando las virtudes como medios, no como fines, para alcanzar la felicidad. Hay muchas clases de placeres, muchos están unidos a dolores. Los deseos pueden ser naturales y necesarios, como beber o abrigarse, naturales  no necesarios, asociados a la vanidad o al lujo, y deseos ni naturales ni necesarios, como el deseo de poder, honores o riquezas. El sufrimiento moral es peor que el sufrimiento corporal, el cuerpo sólo puede sufrir los males presentes, pero el alma puede sufrir con el recuerdo de los males pasados y con el temor de los futuros.

La
prudencia es la guía del placer, porque permite llevar a cabo un cálculo óptimo. De la prudencia nacen las demás virtudes, porque nos enseña que no es posible vivir feliz, sin vivir sensata, honesta y justamente.
La
moderación es deseable porque nos proporciona un estado de imperturbabilidad (ataraxia), al eliminar deseos artificiales y necesidades creadas. Cuantos menos deseos tengamos y más sencillos y naturales sean, más fácil será satisfacerlos y vencer el dolor, que, en definitiva, es el que establece la magnitud del placer. La felicidad no va incluida en la riqueza, la riqueza más allá de lo esencial es tan inútil como un recipiente que se desborda. El dinero debe servir para cubrir las necesidades básicas.
El coraje o la
fortaleza nos permite liberarnos del miedo y la ansiedad, así como superar todos los males inevitables que nos acaezcan, corporales (enfermedad, muerte, etc.) o anímicos (tristeza, miedo al destino, a los dioses, etc.)

De entre todas las virtudes la más elogiada por Epicuro es la
amistad, no sólo por el enriquecimiento y la satisfacción personal que otorga, sino porque supone el origen de la justicia social, concebida como un pacto de "no dañar ni ser dañado" en el que se fundamenta, en definitiva, toda sociedad.

Epicuro desafió las convenciones sociales de su época, desdeñando el ansia de riqueza y poder, pues son medios inútiles de alcanzar la felicidad. Muy molesta fue su crítica contra la
esclavitud y las desigualdades entre hombres y mujeres e incluso entre griegos y extranjeros. A su Jardín, más una comunidad de amigos que una academia en sentido estricto, podía acceder cualquier persona independientemente de su origen social, raza o sexo, porque el bien nada sabe de esas distinciones. 

 
 
 
 

ARISTOTELES Y LA FILOSOFIA GRIEGA

 
 
Una de las primeras preocupaciones de los filósofos fue encontrar una explicación racional de la naturaleza. Los Presocráticos se percataron de que la realidad es diversa y se halla en continua y perpetua transformación.

 
Heráclito ha sido definido como el filósofo del cambio, por su concepción dinámica de la realidad. "Todo cambia" y hasta las cosas aparentemente más duraderas están sujetas a mutación. Pero esta realidad plural y cambiante no lo es todo, tras ella existe un fundamento. Este primer principio Heráclito lo identifica con el fuego. Es el principio del cambio. Es la única sustancia que cambia y en ese cambio se van generando todas las cosas.

 
Parménides, al contrario, opina que el movimiento es imposible, pues el cambio es el paso del ser al no ser o la inversa, del no ser al ser. Esto es inaceptable, ya que el no ser no existe y nada puede surgir de él.

 
Parménides influye en toda la filosofía griega posterior, incluyendo a Platón y a Aristóteles. Afirmaba que: “Es necesario decir y pensar que el ser es y que el no ser no es.” Sólo este camino nos conduce a la verdad. El ser es uno, inmutable, inmóvil, indivisible e intemporal. Las razones en las que fundamenta esta descripción son puramente lógicas. El ser es único porque, si hubiese dos seres, ¿qué los diferenciaría? ¿El ser? No, porque es lo que tienen en común. ¿El no ser? Tampoco: si el no ser no es, no puede ser causa de la diferencia. Por lo tanto el ser es uno. Además, el ser no puede cambiar: no puede cambiar hacia el ser, pues ya es, y ¿cómo podría cambiar hacia el no ser, si el no ser no es?. El ser es indivisible porque sólo podrían ser separadas las partes por el no ser. Como consecuencia el cambio, el tiempo, la pluralidad y el vacío son considerados ilusorios. Así se introduce la distinción entre verdad y apariencia, verdad y opinión, y se otorga primacía a la razón sobre los sentidos. Afirma que este mundo no es, los sentidos nos engañan: nos muestran un mundo de multiplicidad sujeto al cambio. A partir de este momento es necesario explicar cómo siendo el Ser inmutable, la realidad es múltiple y cambiante.

Para Aristóteles, el error de Parménides radica en el hecho de no darse cuenta de que existen diversas maneras de ser o no ser. Una semilla no es un árbol, pero puede llegar a serlo, es un árbol en potencia.
 
Platón, supone una especie de síntesis de estas dos concepciones opuestas; la de Heráclito y Parménides. Por un lado tenemos el mundo sensible, caracterizado por un cambio constante y por el otro, tenemos el mundo perfecto de las ideas, caracterizado por la eternidad y la incorruptibilidad.
 
Según Platón el error de los primeros filósofos consistió en querer llegar a la verdad de las cosas y a la explicación de sus causas por medio de los sentidos. Por ello, presentaron una realidad cambiante.
 
Platón admite, con Protágoras, que el conocimiento sensible es relativo; pero no admite que sea la única forma de conocimiento. Cree, por el contrario, con Parménides, que hay otra forma de conocimiento propia de la razón. El verdadero conocimiento debe ser universal y necesario, debe tratar sobre el ser, no sobre el devenir o no-ser, y no puede estar sometido a error, debe ser infalible. La ciencia sólo puede versar sobre objetos permanentes. El conocimiento sensible no puede ser el verdadero conocimiento, ya que no cumple ninguna de esas características.

 A partir de las enseñanzas de Sócrates, el descubrimiento de la argumentación inductiva y la definición universal, Platón busca la realidad de cada cosa, su esencia, que es inmutable; no se la puede percibir con los sentidos, sino mediante la inteligencia, la cual puede captar lo que es puro, existe siempre y no cambia. Platón afirma que existe un mundo perfecto, distinto al mundo sensible.

 
Crea otro mundo para explicar éste. Platón no niega nunca la realidad del mundo sensible; ni tampoco la capacidad de la experiencia sensible para captar esta realidad. Pero afirma que no es esa la realidad fundamental, el fundamento de la realidad sensible está en el mundo de las Ideas. Las Ideas son el modelo de las cosas, las cosas se parecen un poco a las Ideas, pero tienen características opuestas, son múltiples, corruptibles, sometidas al cambio, son una pobre copia de la realidad inteligible. La teoría de las Ideas implica una duplicación ontológica, existen dos mundos con características muy diferentes. Sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento, mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo nos proporcionan opinión.
 
Hay un elemento común entre todos los objetos de la misma clase, el universal, la Idea, que es la causa de que apliquemos la misma denominación a todos los objetos del mismo género; ese universal es real, pero tiene existencia independiente de las cosas. La teoría de las Ideas, duplica sin motivo el mundo, estableciendo un mundo paralelo que necesitaría a su vez de explicación. No es capaz de explicar el movimiento de las cosas, que era uno de los propósitos de la filosofía presocrática. Si las Ideas son inmóviles e inmutables y las cosas imitan las ideas, tendrían que ser también inmóviles e inmutables; pero si cambian ¿de dónde procede ese cambio?.

Aristóteles admite como Platón y Sócrates que la esencia es lo que define al ser, pero la diferencia es que la esencia es la forma, que está unida inseparablemente a la materia y juntos constituyen el ser, que es la sustancia. La afirmación de la importancia del conocimiento sensible, del conocimiento de lo singular para llegar a lo universal, es un precedente de las corrientes filosóficas empiristas y de la investigación científica.
 
 
 
 
 
 
 
 

La crítica de la teoría de las Ideas
http://www.webdianoia.com/aristoteles/aristoteles_meta.htm 

La metafísica aristotélica se elabora en buena medida como reacción a la teoría de las Ideas de Platón. Todo indica, que las primeras críticas a la teoría de las Ideas se elaboran tras su abandono de la Academia, cuando Aristóteles comienza a perfilar su propia filosofía. Hay que recordar, sin embargo, que ya Platón había criticado la teoría de las Ideas en el Parménides, y que probablemente la teoría de las Ideas había sido objeto de numerosas controversias en la Academia. 

Aristóteles estará de acuerdo con Platón en que hay un elemento común entre todos los objetos de la misma clase, el universal, la Idea, que es la causa de que apliquemos la misma denominación a todos los objetos del mismo género; admitirá, por lo tanto, que ese universal es real, pero no que tenga existencia independiente de las cosas, es decir, que sea subsistente. 

La teoría de las Ideas al dotar de realidad subsistente al universal, a la Idea, duplica sin motivo el mundo, estableciendo un mundo paralelo que necesitaría a su vez de explicación. Tampoco es capaz de explicar el movimiento de las cosas, el cambio, ya que siendo las Ideas inmóviles e inmutables, si las cosas son una imitación de las ideas habrían de ser también inmóviles e inmutables; pero si cambian ¿de dónde procede ese cambio?. ("Metafísica", libro 1,7) . 

Aristóteles considera que la teoría de las Ideas es imposible, ya que establece una separación entre el mundo visible y el mundo inteligible, es decir, entre la sustancia y aquello por lo que una sustancia es, su forma. ¿Cómo es posible que aquello por lo que algo es lo que es no resida en el objeto, sino fuera de él? ¿Cómo es posible que aquello que hace que el hombre sea hombre, la Idea de hombre, no resida en el hombre, sino que exista independientemente de él?

Las formulaciones de Platón para tratar de explicar la relación entre las Ideas y las cosas, las teorías de la participación y la imitación, por lo demás, lejos de explicar dicha relación no son más que metáforas; ya el mismo Platón había criticado dichas teorías en el Parménides; Aristóteles insistirá en sus carencias con el argumento del "tercer hombre": si el hombre es el resultado de la imitación de la Idea de hombre, y tal Idea es entendida como una entidad de carácter individual, ¿A qué otra realidad imita la Idea de hombre? Debe existir un tercer modelo de hombre para explicar la similitud entre el hombre concreto y la Idea de hombre, del mismo modo que se postula la Idea de hombre para explicar la similitud entre los hombres concretos. De ese modo encadenaríamos hasta el infinito la exigencia de un modelo del modelo, lo que nos llevaría al absurdo. 

Por otra parte, las cosas no pueden provenir de las Ideas; sin embargo, es esa una afirmación crucial de la teoría de las Ideas, al concebir que las Ideas son causa de las cosas; no obstante, es el mismo Platón en el Timeo quien explica que las ideas son sólo el modelo en el que se inspira el Demiurgo para modelar las cosas, es decir, las causas ejemplares de las cosas, pero no sus causas eficientes. ("Metafísica", libro 1,7) . 

En esta crítica aristotélica a la teoría de las Ideas se vislumbran ya los fundamentos de su propia metafísica: ante la imposibilidad de que Ideas expliquen coherentemente la causa de lo real propondrá la teoría de las cuatro causas del ser; y ante la irrealidad de las Ideas, propondrá su teoría de la sustancia. La inconsistencia de la explicación platónica del cambio, por lo demás, le llevará a proponer la distinción entre ser en acto y ser en potencia.