miércoles, 21 de junio de 2017

EXAMEN HISTORIA DE LA FILOSOFÍA NOCTURNO SEPTIEMBRE 2017

CONSISTIRÁ EN UN COMENTARIO DE TEXTO
CON PREGUNTAS SOBRE VARIOS AUTORES

HABRÁ DOS OPCIONES A Y B

OPCIÓN A

1-RESUMEN de Platón o Tomás de Aquino
2-TEMA  de Platón o Tomás de Aquino
3-NOCIONES  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)
4-CONTEXTUALIZACIÓN  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)


OPCIÓN B

1-RESUMEN  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)
2-TEMA  de Descartes, Hume (o Kant) o Nietzsche (o Marx)
3-NOCIONES   de Platón o Tomás de Aquino
4-CONTEXTUALIZACIÓN  de Platón o Tomás de Aquino

Las preguntas 1 y 3 valdrán 2 puntos cada una.
Las preguntas 2 y 4 valdrán 3 puntos cada una.
Las preguntas 1 y 2 se referirán al mismo autor.

INFORMACIÓN ADICIONAL



EXAMEN PSICOLOGIA SEPTIEMBRE 2017

EL EXAMEN CONSISTIRÁ EN
TRES PREGUNTAS DE CADA EVALUACIÓN





miércoles, 31 de mayo de 2017

TEXTO HABERMAS









HABERMAS, J., "Del uso pragmático, ético y moral de la razón práctica",
en Aclaraciones a la ética del discurso (traducción e introducción de M. Jiménez
Redondo), Revista Observaciones Filosóficas

(http://www.observacionesfilosoficas.net/habermastraduc.htm)




II.
Según sea el problema de que se trate, la pregunta “¿qué debo hacer?” cobra,
pues, un significado pragmático, ético o moral. En todos los casos se trata de la
justificación de decisiones entre posibilidades alternativas de acción; pero las tareas
pragmáticas exigen un tipo de acciones distinto, y las correspondientes preguntas un
tipo de respuestas distinto que las preguntas éticas y morales. La ponderación de
fines, orientada por valores, y la ponderación “racional con arreglo a fines” de los
medios disponibles sirven a una decisión racional acerca de cómo hemos de intervenir
en el mundo objetivo para producir un estado de cosas apetecido. En este caso se
trata en lo esencial de clarificar cuestiones empíricas y de cuestiones relativas a
elección racional. El término ad quem del correspondiente discurso pragmático es la
recomendación de una tecnología adecuada o de un programa practicable. Cosa
distinta es la preparación de una decisión valorativa importante que afecta al camino
que vaya a tomarse en la vida. En este caso se trata de la clarificación de la
autocomprensión de un individuo, y de la cuestión clínica de cómo conseguir que mi
vida se logre o no resulte fallida. Términos ad quem del correspondiente discurso
éticoexistencial es un consejo acerca de cómo orientarme correctamente en la vida,
acerca de cómo encauzar mi modo de vida personal. Y otra cosa distinta es, a su vez,
el enjuiciamiento moral de acciones y máximas. Tal enjuiciamiento sirve a la
clarificación de expectativas legítimas de comportamiento en vista de conflictos
interpersonales que perturban la convivencia regulada, a causa de intereses en pugna.
En este caso se trata de la justificación y aplicación de normas que establezcan
derechos mutuos. Términos ad quem del correspondiente discurso prácticomoral es un
entendimiento acerca de la solución correcta de un conflicto en el ámbito de la acción
regulada por normas.

Los usos pragmático, ético y moral de la razón práctica se enderezan, pues,
respectivamente a la obtención de instrucciones de tipo técnico o estratégico, de
consejos clínicos, y de juicios morales. Llamamos razón práctica a la capacidad de
justificar los correspondientes imperativos; según sea la referencia a la acción y el tipo
de decisión que haya de tomarse, no sólo cambia el sentido ilocucionario de “tener
que” o de “deber”, sino también el concepto de la voluntad que en cada caso ha de
dejarse determinar por imperativos racionalmente fundados. El “deber ser” de las
recomendaciones pragmáticas, relativizado en función de fines y valores subjetivos,
está enderezado a la libertad de arbitrio de un sujeto, que toma decisiones inteligentes
sobre la base de actitudes y preferencias de las que ese sujeto parte
contingentemente: la facultad de elección racional no se extiende a los intereses y
orientaciones valorativas mismas, sino que los presupone como dados. El “deber ser”
de los consejos clínicos, sometido y enderezado al telos que representa la vida buena,
tiene como destinatario la aspiración del individuo a su propia autorrealización, es
decir, está dirigido a la capacidad de decisión de un individuo que se resuelve a una
vida auténtica: la capacidad de decisión existencial o de autoelección radical opera
siempre dentro del horizonte de la biografía, de cuyas huellas el individuo puede
aprender quién es él y quién quisiera ser. El “deber ser” categórico de los mandatos
morales está dirigido, finalmente, a la voluntad libre (libre en sentido enfático) de una
persona que actúa conforme a leyes que ella misma se ha impuesto: únicamente esta
voluntad es autónoma en el sentido de que se deja determinar por entero por razones
morales. En el ámbito de validez de la ley moral, a la determinación de la voluntad por
la razón práctica no le vienen trazados límites ni por disposiciones contingentes, ni
tampoco por la biografía e identidad personales. Autónoma sólo puede llamarse a la
voluntad dirigida por razones morales y, por tanto, enteramente racional. De ella han
sido eliminados todos los rasgos heterónomos de la voluntad de arbitrio o de la opción
por una vida singular, mía, auténtica en definitiva. Pero Kant confunde la voluntad
autónoma con la omnipotente; para poder pensarla como la dominante en absoluto
tuvo que situarla en el reino de lo inteligible. Pero en el mundo, como sabemos, la
voluntad autónoma sólo cobra eficacia en la medida en que la fuerza motivacional
dimanante de las buenas razones logre imponerse contra el poder de otras clases de
motivos. Así, en nuestro realista lenguaje cotidiano, a la voluntad correctamente
informada, pero débil, la llamamos “buena” voluntad.

Resumiendo, la razón práctica, según opere bajo el aspecto de lo adecuado o
útil, de lo bueno, o de lo justo, se dirige a la libertad de arbitrio del agente racional con
arreglo a fines, o a la fuerza de decisión del sujeto que trata de realizarse en
autenticidad, o a la voluntad libre del sujeto capaz de juzgar moralmente. Con ello
cambia en cada caso la constelación de razón y voluntad y el concepto mismo de razón
práctica. Pero junto con el sentido de la pregunta “¿qué debo hacer?”, no sólo cambia
de estatus el destinatario, es decir, la voluntad del actor que busca una respuesta, sino
también el informante, es decir, la capacidad de deliberación práctica. Pues, según sea
el aspecto elegido, resultan tres lecturas distintas de la razón práctica que se
complementan mutuamente. Sin embargo, en las tres grandes tradiciones filosóficas
sólo se ha tematizado una de estas lecturas. Para Kant la razón práctica coincide con la
moralidad; sólo en la autonomía se funden en unidad voluntad y razón. Para el
empirismo la razón práctica se agota en su uso pragmático; se reduce en palabras
kantianas, a un empleo de la actividad intelectiva en términos de racionalidad con
arreglo a fines. En la tradición aristotélica la razón práctica asume el papel de una
capacidad de juicio que sirve a aclarar e ilustrar el horizonte biográfico de un ethos
vivido. En cada uno de estos casos se exigen y esperan de la razón práctica
operaciones distintas. Es lo que se muestra en la diversa estructura de los discursos en
que esa razón práctica se mueve.



jueves, 11 de mayo de 2017

TEXTO ORTEGA





ORTEGA Y GASSET, J., El tema de nuestro tiempo, capítulo “La doctrina del
punto de vista” (Madrid, Revista de Occidente-Alianza Editorial, 1981, pp. 144-149; o también en Obras Completas, vol. III. pp. 197-201) 

Del texto de Ortega se suprimen los siguientes fragmentos: a) los dos últimos párrafos de la página 146, el segundo acabado en la página 147; b) los dos primeros párrafos de la página 148. Además, la nota a pie de página de Ortega no entra a efectos de exámenes EBAU.

Contraponer la cultura a la vida y reclamar para ésta la plenitud de sus derechos
frente a aquélla no es hacer profesión de fe anticultural. Si se interpreta así lo dicho anteriormente, se practica una perfecta tergiversación. Quedan intactos los valores de cultura; únicamente se niega su exclusivismo. Durante siglos se viene hablando exclusivamente de la necesidad que la vida tiene de la cultura. Sin desvirtuar lo más mínimo esta necesidad, se sostiene aquí que la cultura no necesita menos de la vida. Ambos poderes —el inmanente de lo biológico y el trascendente de la cultura— quedan de esta suerte cara a cara, con iguales títulos, sin supeditación del uno al otro. Este trato leal de ambos permite plantear de una manera clara el problema de sus relaciones y preparar una síntesis más franca y sólida. Por consiguiente, lo dicho hasta aquí es sólo preparación para esa síntesis en que culturalismo y vitalismo, al fundirse, desaparecen.



Recuérdese el comienzo de este estudio. La tradición moderna nos ofrece dos
maneras opuestas de hacer frente a la antinomia entre vida y cultura. Una de ellas, el racionalismo, para salvar la cultura niega todo sentido a la vida. La otra, el relativismo, ensaya la operación inversa: desvanecer el valor objetivo de la cultura para dejar paso a la vida. Ambas soluciones, que a las generaciones anteriores parecían insuficientes, no encuentran eco en nuestra sensibilidad. Una y otra viven a costa de cegueras complementarias. Como nuestro tiempo no padece esas obnubilaciones, como ve con toda claridad el sentido de ambas potencias litigantes, ni se aviene a aceptar que la verdad, que la justicia, que la belleza no existen, ni a olvidarse de que para existir necesitan el soporte de la vitalidad.

Aclaremos este punto concretándonos a la porción mejor definible de la cultura: el conocimiento.

El conocimiento es la adquisición de verdades, y en las verdades se nos manifiesta el universo trascendente (transubjetivo) de la realidad. Las verdades son eternas, únicas e invariables. ¿Cómo es posible su insaculación dentro del sujeto? La respuesta del racionalismo es taxativa: sólo es posible el conocimiento si la realidad puede penetrar en él sin la menor deformación. El sujeto tiene, pues, que ser un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y a mañana —por tanto, ultravital y extrahistórico. Vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia.

La respuesta del relativismo no es menos taxativa. El conocimiento es imposible; no hay una realidad trascendente, porque todo sujeto real es un recinto peculiarmente modelado. Al entrar en él la realidad se deformaría, y esta deformación individual sería lo que cada ser tomase por la pretendida realidad.

Es interesante advertir cómo en estos últimos tiempos, sin común acuerdo ni
premeditación, psicología, «biología» y teoría del conocimiento, al revisar los hechos de que ambas actitudes partían, han tenido que rectificarlos, coincidiendo en una nueva manera de plantear la cuestión.

El sujeto, ni es un medio transparente, un «yo puro», idéntico e invariable, ni su
recepción de la realidad produce en ésta deformaciones. Los hechos imponen una
tercera opinión, síntesis ejemplar de ambas. Cuando se interpone un cedazo o retícula en una corriente, deja pasar unas cosas y detiene otras; se dirá que las selecciona, pero no que las deforma. Esta es la función del sujeto, del ser viviente ante la realidad cósmica que le circunda. Ni se deja traspasar sin más ni más por ella, como acontecía al imaginario ente racional creado por las definiciones racionalistas, ni finge él una realidad ilusoria. Su función es claramente selectiva. De la infinitud de los elementos que integran la realidad el individuo, aparato receptor, deja pasar un cierto número de ellos, cuya forma y contenido coinciden con las mallas de su retícula sensible. Las demás cosas —fenómenos, hechos, verdades— quedan fuera ignoradas, no percibidas (...).

Desde distintos puntos de vista, dos hombres miran el mismo paisaje. Sin embargo, no ven lo mismo. La distinta situación hace que el paisaje se organice ante ambos de distinta manera. Lo que para uno ocupa el primer término y acusa con vigor todos sus detalles, para el otro se halla en el último y queda oscuro y borroso. Además, como las cosas puestas unas detrás de otras se ocultan en todo o en parte, cada uno de ellos percibirá porciones del paisaje que al otro no llegan. ¿Tendría sentido que cada cual declarase falso el paisaje ajeno? Evidentemente, no; tan real es el uno como el otro. Pero tampoco tendría sentido que puestos de acuerdo, en vista de no coincidir sus paisajes, los juzgasen ilusorios. Esto supondría que hay un tercer paisaje auténtico, el cual no se halla sometido a las mismas condiciones que los otros dos. Ahora bien, ese paisaje arquetipo no existe ni puede existir. La realidad cósmica es tal, que sólo puede ser vista bajo una determinada perspectiva. La perspectiva en uno de los componentes de la realidad. Lejos de ser su deformación, es su organización. Una realidad que vista
desde cualquier punto resultase siempre idéntica es un concepto absurdo.

Lo que acontece con la visión corpórea se cumple igualmente en todo lo demás.
Todo conocimiento lo es desde un punto de vista determinado. La species aeternitatis, de Spinoza, el punto de vista ubicuo, absoluto, no existe propiamente: es un punto de vista ficticio y abstracto. No dudamos de su utilidad instrumental para ciertos menesteres del conocimiento; pero es preciso no olvidar que desde él no se ve lo real. El punto de vista abstracto sólo proporciona abstracciones (...).

Cada vida es un punto de vista sobre el universo. En rigor, lo que ella ve no lo
puede ver otra. Cada individuo —persona, pueblo, época— es un órgano insustituible para la conquista de la verdad. He aquí cómo ésta, que por sí misma es ajena a las variaciones históricas, adquiere una dimensión vital. Sin el desarrollo, el cambio perpetuo y la inagotable aventura que constituyen la vida, el universo, la omnímoda verdad, quedaría ignorado.

El error inveterado consistía en suponer que la realidad tenía por sí misma, e
independientemente del punto de vista que sobre ella se tomara, una fisonomía propia. Pensando así, claro está, toda visión de ella desde un punto determinado no coincidiría con ese su aspecto absoluto y, por tanto, seria falsa. Pero es el caso que la realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. La sola perspectiva falsa es esa que pretende ser la única. Dicho de otra manera: lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde «lugar ninguno». El utopista —y esto ha sido en esencia el racionalismo— es el que más yerra, porque es el hombre que no se conserva fiel a su punto de vista, que deserta de su puesto. (Nota a pie de página: Desde 1913 expongo en mis cursos universitarios esta doctrina del perspectivismo que en El espectador I (1916) aparece taxativamente formulada. Sobre la magnífica confirmación de esta teoría por Einstein, véase el apéndice II.)

Hasta ahora, la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema
valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación con otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación.




martes, 9 de mayo de 2017

NIETZSCHE Texto







NIETZSCHE, El crepúsculo de los ídolos, capítulo “La ‘razón’ en la filosofía”, apartados 1, 4 y 6 (trad. A. Sánchez Pascual, Madrid, Alianza, 1998, pp. 51, 53-54 y 55-56). 

1 ¿Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], -cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, -se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones, -incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. "Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? -"Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, -la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! - ¡Y sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable "idée fixe" [idea fija] de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!..." (…) 

4. La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final -¡por desgracia! , ¡pues no debería siquiera venir!- los "conceptos supremos", es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora. Esto es, una vez más, sólo expresión de su modo de venerar: a lo superior no le es lícito provenir de lo inferior, no le es lícito provenir de nada... Moraleja: todo lo que es de primer rango tiene que ser causa sui [causa de sí mismo]. El proceder de algo distinto es considerado como una objeción, como algo que pone en entredicho el valor. Todos los valores supremos son de primer rango, ninguno de los conceptos supremos, lo existente, lo incondicionado, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto -ninguno de ellos puede haber devenido, por consiguiente tiene que ser causa sui. Mas ninguna de esas cosas puede ser tampoco desigual una de otra, no puede estar en contradicción consigo misma... Con esto tienen los filósofos su estupendo concepto "Dios"... Lo último, lo más tenue, lo más vacío es puesto como lo primero, como causa en sí, como ens realissimum [ente realísimo] ... ¡Que la humanidad haya tenido que tomar en serio las dolencias cerebrales de unos enfermos tejedores de telarañas! -¡Y lo ha pagado caro!... (…) 

6 Se me estará agradecido si condenso un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción.  
Primera tesis. Las razones por las que "este" mundo ha sido calificado de aparente fundamentan, antes bien, su realidad, -otra especie distinta de realidad es absolutamente indemostrable. 
Segunda tesis. Los signos distintivos que han sido asignados al "ser verdadero" de las cosas son los signos distintivos del no-ser, de la nada, -a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido el "mundo verdadero": un mundo aparente de hecho, en cuanto es meramente una ilusión óptico-moral. 
Tercera tesis. Inventar fábulas acerca de "otro" mundo distinto de éste no tiene sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto de calumnia, de empequeñecimiento, de recelo frente a la vida: en este último caso tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de "otra" vida distinta de esta, "mejor" que ésta. 
Cuarta tesis. Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo aparente", ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la decadence, - un síntoma de la vida descendente... El hecho de que el artista estime más a la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues a la "apariencia" significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un pesimista, - dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco...


RESUMEN

1. Los filósofos se caracterizan por su odio a la historia, al cambio, de sus manos no salio vivo nada real, manejan momias conceptuales. Rechazan los sentidos porque nos engañan, nos impiden captar la realidad. Como consecuencia rechazan también al "pueblo" y al cuerpo, sujeto a todos los errores lógicos.  
El fragmento es una explicación de las características de los filósofos. La palabra "moraleja" aparece en dos ocasiones, lo que delimitaría tres partes. Tras la primera "moraleja" resume lo expuesto, tras la segunda concluye con dos nuevas características. 

4. En la primera parte expone que la otra característica de los filósofos es poner en primer lugar los conceptos supremos, lo más vacío. Lo superior no puede provenir de lo inferior. En la segunda parte a partir de la palabra "moraleja" concluye que los conceptos deben ser causa de sí mismos, que tampoco pueden estar en contradicción, por eso tienen el concepto Dios.

6. Primera tesis el que este mundo sea aparente es lo que lo hace real.
Segunda tesis, el mundo verdadero es nada, ha sido construido en oposición al mundo real. 
Tercera tesis, inventar otro mundo mejor denota rechazo hacia la vida.
Cuarta tesis, inventar otro mundo es un síntoma de decadencia.
Que el artista estime la apariencia no es una objeción, pues el artista trágico afirma lo terrible y problemático.





lunes, 1 de mayo de 2017

EXAMEN TERCERA EVALUACION PSICOLOGIA NOCTURNO

ENLACES A LOS CONTENIDOS


TRASTORNOS PSICOLOGICOS

PROBLEMAS Y DECISIONES

PSICOLOGIA SOCIAL

FRUSTRACION




PREGUNTAS

1-Explica en qué consisten la anorexia y la bulimia
2-Explica en qué consisten los distintos tipos de ansiedad
3-Explica en qué consisten los distintos tipos de depresión.
4-Explica en qué consisten el trastorno paranoide, narcisista, histriónico y de personalidad límite
5-Explica en qué consisten los trastornos psicosomáticos
6-Explica los distintos modos de resolver un problema.
7-Explica que son los grupos primarios y secundarios, y los grupos formales e informales.
8- Explica la psicología de masas según Le Bon.
9-Explica la psicología de masas según Erik Erikson
10-Explica las formas principales de afrontar la frustración.





domingo, 26 de marzo de 2017

RESUMEN TEXTO DESCARTES



RESUMEN TEXTO PAU

En lo que se refiere a las costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que tenemos por inciertas. En la investigación de la verdad, se debe rechazar todo lo que contenga la menor duda.
Puesto que nuestros sentidos nos engañan algunas veces, rechace lo que muestran. 
Puesto que podía equivocarme al razonar, rechacé como falsos todos los
razonamientos.
Y, en fin, como lo que soñamos apenas se diferencia de la vigilia, decidí fingir que todo podía ser un sueño. 
Podía pensar que todo es falso, pero era necesario que yo, que lo pensaba, fuera alguna cosa. 
CONCLUSIÓN pienso, luego soy (existo).

Podía imaginar que no tenía cuerpo y que no había mundo.
No podía imaginar que no existía.
Al dudar de otras cosas se seguía que yo era; pero si no pensaba, no tenía ninguna razón para creer que yo existía.
CONCLUSIÓN soy una sustancia cuya esencia es pensar, y que no  depende de nada material para existir.

Lo que garantiza la verdad de "pienso, luego soy" es que lo capto claramente CONCLUSIÓN las cosas que concebimos muy clara y distintamente
son todas verdaderas.

Yo dudaba, por lo tanto mi ser no era enteramente perfecto. 
La idea de perfección no procedía de los pensamientos de cosas exteriores,
porque estos pensamientos no son superiores a mí,
La idea de un ser perfecto no podía proceder de la nada.
Lo más perfecto no es consecuencia de lo menos perfecto. 
CONCLUSIÓN la idea de perfección procede de un ser más perfecto, Dios.

Las demostraciones geométricas son ciertas aunque no podamos saber si existen esas figuras. 
Es evidente que en un ser perfecto su existencia está incluida en él.
CONCLUSIÓN es cierto que Dios existe.